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Dinamización del ahorro financiero

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Uno de los temas neurálgicos que marcará la agenda de la política pública en el corto y mediano plazo tendrá que ver con los factores que permitirán direccionar la economía hacia sus sendas potenciales y garantizar un crecimiento sostenible. En esta dirección, resulta imperativo que el país comience a digerir desde ya el hecho de que nuestra economía se encuentra inmersa en una delicada coyuntura no solo por cuenta de la renovada incertidumbre internacional sino por la caída de nuestros términos de intercambio. Una coyuntura en la cual los ingresos de la nación se han visto amenazados y de allí que la economía encare ahora riesgos significativos ante el eventual deterioro del ahorro público. Y es que esta nueva realidad, que ha minado parte de las expectativas en materia de crecimiento, ha comenzado a incorporar inquietudes sobre la capacidad para hacerle frente a los ambiciosos planes de inversión que requerirá el país, no solo para impulsar la productividad multifactorial sino para garantizar un crecimiento sostenible.

La tasa de cambio, como amortiguador de los choques externos, y que ha presentado una devaluación cercana a 28%-30% en el período reciente, no será suficiente para compensar el deterioro de la demanda interna, aunque sin duda permitirá que el sector transable encuentre un espacio de recuperación, suavizando parcialmente el impacto agregado de los choques externos adversos. Sin embargo, lo que sí resultará fundamental es que el liderazgo de la economía se traslade desde el sector minero-energético hacia la industria y otras ramas que actualmente resultan más competitivas bajo el nuevo panorama cambiario. Sabemos, no obstante, que este proceso de recomposición sectorial (tan necesario) puede tardar años, pero también hay que reiterar que esta transición se puede reducir significativamente en la medida en que la inversión se acelere y se focalice hacia los nuevos proyectos y sectores líderes. 

Y es aquí donde el debate comienza a tornarse álgido en la medida de que este proceso requiere de unos elevados niveles de ahorro que, en este nuevo panorama, parecen difíciles de alcanzar. Un tema que cobra una particular importancia en la medida en que las nuevas condiciones macroeconómicas nos permiten dilucidar que, en el corto plazo, el ahorro privado difícilmente logrará compensar el menor dinamismo del ahorro público y externo de cara a 2015-2016. Este hecho, sin duda, nos demuestra la importancia de que el ahorro financiero continúe profundizándose si queremos darle la celeridad y el dinamismo adecuado al ahorro macroeconómico para que podamos hacerle frente a los ingentes volúmenes de inversión que requiere el país de cara a los próximos 5-7 años. 

Vale la pena destacar que en los últimos años se han dinamizado nuevos instrumentos de ahorro en el mercado financiero que han permitido una mayor canalización de recursos hacia la Banca, un hecho que ha facilitado el fortalecimiento de la colocación de cartera destinada a la ejecución de proyectos primordiales para el crecimiento y para la dinámica de la actividad productiva.  Sin embargo, la profundidad financiera, que en los últimos años se ha venido incrementando hacia niveles de 73% del PIB, aún se muestra muy por debajo de la que, por ejemplo, exhiben países como Brasil (164%) y Chile (145%) y de allí que los desafíos en materia de profundidad financiera continúen siendo una constante para la dinámica del sistema. No obstante, los avances en materia de profundización financiera han sido una señal positiva para la dinámica de la actividad productiva y no podemos ser tímidos en destacar que la labor de intermediación de las entidades financieras ha focalizado sus esfuerzos (y continuará haciéndolo) en garantizar una mayor eficiencia en el otorgamiento de recursos para la inversión.

Es importante que el país también conozca que la continua dinamización del ahorro financiero, como vehículo del ahorro macroeconómico, será clave en el desarrollo de los próximos años en la medida en que permitirá continuar apalancando la dinámica de la inversión no solo en los grandes proyectos en materia de infraestructura sino en aquellos sectores transables que, diferentes a la minería, tendrán que liderar el crecimiento y encaminar la economía hacia sus sendas potenciales, compensando con ello parte de la menor tracción que exhibirá el ahorro público. Este proceso será fundamental para que la relación inversión/PIB, que hoy bordea 27%-29%, alcance los niveles requeridos de 32%-35% que se necesitan para que el país pueda mantener crecimientos sostenibles en torno a 5%-6% en el mediano plazo. 

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