Analistas

Gobernabilidad en riesgo

Son muchas las reconciliaciones en las cuales debemos trabajar como país, porque el conflicto que vivimos por más de cinco décadas, según Francisco Gutiérrez, destruyó de manera masiva tejido social, tradiciones positivas y redes de confianza, y tuvo un efecto deletéreo (destructor) sobre la confianza de los colombianos en sus conciudadanos y en las instituciones.

Las reconciliaciones van desde lo individual, lo interpersonal, lo colectivo y hasta el ámbito político. El conflicto vivido en los diferentes territorios, que cobró miles de vidas y dejó millones de víctimas, también fracturó la democracia de nuestro país. Según Iván Orozco, el lenguaje del odio justiciero permeó el ámbito electoral nacional como sustituto de la ideología. Podemos decir entonces, que más que propuestas lo que se enfrentaban en las urnas eran venganzas y odios heredados; lo que llevaba a los votantes a escoger no un partido sino un bando, nutriendo de esta manera enemistades. Uno de los resultados de este fenómeno es la polarización visceral y retaliativa que hoy vivimos.

Esta polarización hoy se ve reflejada en las 107 revocatorias de Alcaldes y Gobernadores promovidas en diferentes regiones del país; afectando la gobernabilidad, el desarrollo y la reconstrucción del tejido socio-democrático de Colombia. Este fenómeno ha sido catalogado como de revancha política para sacar del poder al rival, y altera el verdadero sentido del control ciudadano sobre el cumplimiento del mandato popular.

El objetivo de una revocatoria como mecanismo de participación democrática es “la posibilidad con la que cuenta el pueblo de responsabilizar políticamente el incumplimiento de aquello que haya prometido determinado candidato y por lo cual fue elegido (…)”. Pero para que exista una participación responsable, esta debe tener como base el conocimiento de la promesa de campaña, el plan de desarrollo y sus avances ejecutados. 

En el caso específico de Bogotá, en el gobierno de Enrique Peñalosa, la capital recuperó una dinámica de desarrollo bajo la construcción de un modelo de ciudad, que busca actualizarla de casi 12 años de atraso y deterioro. Son importantes los avances que se han realizado en tan solo 17 meses de su mandato, porque estos no responden a proyectos aislados sino a programas integrales en temas de salud, educación, movilidad, seguridad, vivienda, planeación y medio ambiente para construir una Bogotá Mejor. 

El actual Plan de Desarrollo que necesita nuestra ciudad es ambicioso, concreto, real y viable, pero se está viendo enfrentado a una posible revocatoria alimentada por la posverdad, ya que nuevamente la verdad esta acorralada por la mentira y la desinformación. 

Muchos de los aspectos que Peñalosa prometió en su campaña ya son una realidad cumplida y los otros aspectos están plasmados en proyectos que se están desarrollando, pero para avanzar se requiere que 8 millones de habitantes se interesen en conocer los programas y se integren a la construcción de una nueva ciudad porque en sociedades divididas y polarizadas impera la desinformación, la desconfianza y no es fácil avanzar.

Es imperativo trabajar en la reconciliación política a través de la reconstrucción de las relaciones con los gobernantes y entre los ciudadanos al promover la cooperación, el diálogo social y la ética cívica; con el fin de erradicar sospechas, desconfianza y miedos que destruyen la posibilidad de gobernar y construir entre todos un país en paz.