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De crisis en crisis

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Pareciese que la constante ya no es solo que estamos inmersos en un contexto de cambio, sino también que ahora hay un escenario de crisis secuenciales. Estar en crisis se convierte en una nueva característica del entorno organizacional, y por ello es necesario repensar el abordaje de estas para gestionar estratégicamente las contingencias.

Una de las posibles causas que genera esta mayor frecuencia en las crisis es el déficit de confianza que vive nuestra sociedad, la incapacidad de creer incluso en los hechos y la carencia de dar valor a la palabra. Se podría decir que este escenario ha generado la desesperanza de creer en el otro, lo cual en una sociedad es algo muy delicado; porque se rompe lo que nos une, el tejido social.

Entonces, siendo esta una posible causa, en lo que se debería incrementar esfuerzos, y trabajar de forma constante y metódica es en recuperar la confianza lo que implica varios aspectos: construir vínculos, consolidar la cultura y gestionar contingencias.

Cuando se alcanza la confianza, es porque se construyó un vínculo. Por tanto, las organizaciones deben generar una estrategia y propiciar espacios para conocer a sus grupos de interés y forjar relaciones de respeto basados en la dignidad humana. Sus colaboradores es uno de los grupos de interés más relevantes y en ocasiones es el último grupo con el cual trabajan porque prevalece el interés en los clientes o usuarios. La primera confianza que se debe ganar es la interna, porque permite trabajar con propósitos comunes, lo que hace a las organizaciones más productivas, y por consiguiente, se blindan frente a posibles escenarios de crisis que nazcan desde el interior de ellas.

Forjar vínculos es también la base para consolidar la cultura organizacional, porque esta es lo que la mantiene unida y articulada. Gestionar la cultura se ha convertido en un imperativo, porque las personas son la base de las organizaciones, y son las que le dan vida y viabilidad a la misma; pero gestionarla implica trabajar en la dimensión axiológica, he aquí el gran reto; porque se requiere afianzar los valores en comportamientos esperados; lo que resulta a veces utópico en una sociedad donde se ha venido naturalizando la falta de respeto, solidaridad y tolerancia.

Las crisis no se gestan de un momento a otro, son el resultado y el cúmulo de la falta de gestión de construcción de vínculos y de comunidades. En las sociedades y organizaciones donde se promueve la escucha activa, se construye de forma conjunta resaltando los talentos de cada uno y se trabaja en confianza dejando la suspicacia y la defensa de lado, se puede avanzar. Si bien se pueden presentar crisis por fenómenos que no se pueden controlar, estas se superan rápidamente porque se han consolidado verdaderos equipos que son comunidades sólidas.

La gestión de contingencias parte entonces de estos dos aspectos: de construir vínculos basados en confianza y en consolidar culturas organizacionales sólidas. Es importante hablar de contingencia y no de crisis; ya que la primera implica anticiparse a algo que puede suceder, para lo cual se debe estar preparado para actuar y mitigar el impacto, o si es posible, controlar para que no suceda. Sin embargo, se debe tener presente que, si bien es importante tener mapas de riesgos, manuales de crisis y protocolos de actuación en crisis o emergencias, el no tener en cuenta la calidad y la dignidad humana implica que seguiremos de crisis en crisis.

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