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En ocasiones se considera que el conflicto y la violencia son sinónimos, aduciendo que los conflictos son negativos y que se deben evadir. Esta interpretación ha llevado a tratar de eliminar o invisibilizar los conflictos, desconociéndolos cuando están latentes, a guardar silencios y con ello contribuir a que un conflicto se convierta en violencia o guerra. Esto evidencia también la falta de conocimiento en la resolución no violenta de conflictos.
Para Lederach, el conflicto es esencialmente un proceso natural de la sociedad y un fenómeno necesario para la vida humana, que puede ser un factor positivo en el cambio y en las relaciones, o destructivo según la manera de regularlo. Desde esta concepción de conflicto, es un proceso de renovación, de cambio e incluso de impregnar vitalidad social. El reto en toda colectividad es aprender a practicar métodos de resolución de forma justa y no violenta, buscar, no eliminar el conflicto, sino de regularlo y encauzarlo hacia resultados productivos.
Se requiere adoptar estrategias de transformación social como la no violencia, donde el centro sea el respeto a la vida y a la dignidad de las personas. El Dalái Lama explica que ello implica dialogar, respetar los derechos de los demás; en el espíritu de reconciliación hay una solución real al conflicto y el desacuerdo. No se busca una victoria, sino soluciones. Es una invitación a colaborar para erradicar las raíces de la desigualdad y luchar contra la injusticia, no contra las personas.
Para gestionar los conflictos, la comunicación organizacional es una aliada de resolución pacífica, porque a través de ella se propician diálogos, con el propósito de clarificar las posibles percepciones malinterpretadas o la falta de información que lleven a tomar juicios de valor que no permitan avanzar hacia un cambio productivo.
Además, la gestión comunicacional posibilita la construcción de relaciones y para construir una convivencia pacífica se requiere tejer redes con encrucijadas, conexiones e interdependencia social, para mantener a grupos de personas en interacción creativa permanente. Estas redes son un tejido de cambio que se configura y construye espacios relacionales que no existían o que deben ser reforzados para facilitar el vivir unidos, como afirma Lederach.
La relevancia de tejer redes relacionales para construir paz, desde la consolidación de la confianza en el otro, y tener la visión de imaginar un futuro juntos; evidencia la importancia de la gestión integral de la cultura y la comunicación corporativa porque las organizaciones deben tener la capacidad de fomentar elementos conectores para reducir las tensiones en los conflictos y minimizar las potencialidades de la violencia.
Cuando una organización no resuelve sus conflictos con cualquiera de sus grupos de interés, llega a la instancia de la violencia lo que acarrea afectación a la dignidad humana y pérdida de confianza y es entonces donde se debe recomponer una cultura del encuentro y la convivencia pacífica, que permita avanzar como organización hacia un futuro compartido donde se movilice la búsqueda del bien común, teniendo como base el desarrollo humano y sostenible.
El Papa Francisco dice: trabajar sin cansarse para construir puentes, abatir muros, integrar la diversidad, promover la cultura del encuentro y del diálogo, educar al perdón y a la reconciliación, al sentido de justicia, al rechazo de la violencia y al coraje de la paz.
Es inaceptable que el país continúe con elevados niveles de desigualdad y que, además, la incidencia de la pobreza monetaria se mantenga en porcentajes cercanos a 30%. Los logros obtenidos en la lucha contra la pobreza no permiten ser optimistas. Hace 10 años, en 2014, había 16,4 millones de pobres
Cuando un país transmite señales de improvisación frente a amenazas previsibles, el costo termina reflejándose en nuestro bolsillo. La energía no funciona a punta de discursos, sino con inversión preventiva
Estamos cerrando brechas y abriendo mercados. El agua es nuestro gran activo, y su poder económico es la herramienta con la que estamos garantizando que el Atlántico siga liderando la transformación