Analistas

Abrazar a nuestras instituciones

Estamos a menos de un mes de lo que se ha denominado la fecha de la paz. El próximo 23 de marzo es el plazo para la firma del acuerdo, resultado de las mesas de negociación. La semana pasada, Humberto de la Calle expresó: “estamos más cerca de la paz en La Habana que en Colombia”, e hizo un llamado a todos los colombianos para que reflexionen sobre la oportunidad que significa terminar el conflicto armado.

A esta invitación se unen las palabras del expresidente de Sudáfrica, Frederik de Klerk, el líder sudafricano, ganador del Premio Nobel de Paz en 1993 por haber puesto fin a décadas de conflicto armado en su país: “la paz no es un proyecto de una sola vez; como todas las interacciones humanas requiere un cuidado constante, comunicación y alimentación. El desafío para ustedes en Colombia, será el de completar los últimos pasos y crear sus propios cimientos para la paz”. 

En este contexto, donde se busca construir unos cimientos fuertes para lograr una Colombia en paz; un camino es a través de nuestras instituciones, no defendiéndolas, sino abrazándolas. Si queremos entrar en un ambiente de paz, el defender implica que alguien sigue atacando, en cambio abrazar es comprender, contener, dar cariño y rodear; es otro lenguaje, otra sintonía que busca la armonía.

Cuando hablamos de instituciones, hablamos de las cinco instituciones que forman una sociedad. Estas son: la institución familiar, que es nuestro núcleo; las instituciones educativas, que forjan nuestra cultura; las instituciones económicas, representadas en las empresas que impulsan el desarrollo; la institución religiosa, que nos ofrece un marco moral de respeto; y las instituciones políticas, representadas en las entidades de gobierno.

Estas cinco instituciones son las que nos permitirán recomponer el tejido social que se ha fisurado en las últimas décadas en nuestro país; pero desafortunadamente estas instituciones son atacadas a diario por la comunidad misma. Solo basta con observar y escuchar comentarios despectivos y señalamientos que se dan en redes sociales, en las noticias o en una simple conversación cotidiana. Esto lleva a continuar minando la credibilidad y la confianza en ellas. Pero lo que no es evidente, es que con esto, nos estamos atacando a nosotros mismos, porque crecemos en una familia, somos el resultado de un proceso de formación, es el trabajo en las empresas las que nos permiten desarrollarnos, es nuestro credo el que alimenta nuestro ser espiritual y son las entidades de gobierno las que promueven el orden social.

Así como esperamos un desarme y alto al fuego, cada colombiano debe pasar del ataque a la convivencia y a la construcción, no a la destrucción. Por ello, propongo iniciar cuatro procesos: el primero, de resignificación, para encontrar nuevamente el sentido y la esencia de nuestras instituciones; el segundo, de desmitificación, porque algunas situaciones que se dicen ya no ocurren o nunca fueron ciertas, pero han ido de boca en boca por muchos años y se asumen como una realidad; el tercero, es no generalizar, porque en una relación basada en respeto y confianza no hay cabida para expresiones absolutas como: “todos son iguales” o “siempre ocurre lo mismo” o “jamás cumplen”; y el cuarto, es creer, quitar la barrera de la incredulidad para poder evolucionar y permitirnos soñar.

Estamos frente a una oportunidad única, que no tuvieron nuestros padres ni abuelos. Es el momento de abrazar a nuestras instituciones, trabajar unidos para fortalecerlas y que estas sean los cimientos de la paz de Colombia.