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Julio Leonzo Álvarez Álvarez

La discreción, la inteligencia y la rectitud, distinguieron desde siempre a Julio Leonzo Álvarez Álvarez.

Esta impronta personal fue su distintivo desde su pretérito pasó por Medellín, su ciudad natal, donde le recuerdan con afecto sus compañeros de aulas en el colegio de los jesuitas, claustro en el cual fue vocero de su generación en la graduación de bachilleres. Después fue un destacado alumno en la emblemática Escuela de Minas, de la cual egresó como ingeniero con honores.
Inició su camino de trabajo en la Cervecería Unión, la cual posteriormente presidió, en los albores o tiempos prehistóricos de la computación, revolucionaria trasformación contemporánea de la humanidad. Incursionó como ejecutivo de alto nivel en la Península Ibérica, posteriormente tuvo la responsabilidad de presidir la primera aerolínea de Colombia, más tarde se ocupó de importantes temas inmobiliarios, participó en innumerables y destacadas juntas directivas y cerró su destacado ciclo laboral al frente de una sofisticada empresa de última tecnología que sirve de apoyo a uno de los más grandes conglomerados nacionales. Irónicamente el inicio y el final de su vida laboral estuvieron vinculados a la nueva dimensión del conocimiento humano, lo cual evidencia su capacidad de aggiornamento o puesta al día en materia de una sin par de exigencias profesionales y académicas.

Proveniente de una muy tradicional familia antioqueña, su hogar paterno estuvo conformado por el reconocido médico Leonzo Álvarez, y su señora Yolanda Álvarez. Julio Leonzo Álvarez, fue un hijo y hermano sin tacha. En su núcleo cercano fue para María Elena su compañera de siempre y sus destacados hijos, esposo, padre y abuelo ejemplar.

Una anécdota aflora en el recuerdo y dibuja la inteligencia y sencillez del hoy lamentado Julio Leonzo. Fue invitado con su hijo abogado al Congreso de Derecho Comercial donde expuso al alimón sobre la árida materia de las nuevas tecnologías y el derecho. Como introducción y para hacer amigable el mensaje al auditorio abogadil, les invitó a desmitificar el tema tecnológico, aconsejando a los letrados no introducirse en los mares profundos de los sistemas binarios, de los bytes y de las gigas, recordando a los abogados que estos tampoco tenían, hasta el presente, conocimiento de la forma de funcionamiento de la telefonía clásica, a pesar de haberse adelantado multitud de negocios por esa vía de comunicaciones. Sabio consejo que tranquilizó al auditorio tan lejano de las dimensiones cibernéticas, el cual entendió que la informática era tan solo una herramienta más que otros dominaban.

Su temprana desaparición, en medio de una productiva etapa vital, ha dejado un sentimiento de pesar y un vacío para todos sus cercanos. Sin embargo y como inicialmente se expresó, su condición de hombre discreto, inteligente y con rectitud a toda prueba será el bálsamo que servirá para mitigar la ausencia de tan destacado empresario, hombre de familia, de academia, gran ciudadano y claro está, inolvidable compañero y amigo.