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¿Alguna vez se ha puesto a pensar bajo qué parámetros se está midiendo a la Familia Empresaria? Muy seguramente el negocio tiene indicadores clave de gestión, o KPI por sus siglas en inglés (Key Performance Indicators). El fundador y su equipo conocen el negocio, saben qué producen, cómo lo producen y, en muchos casos, por qué -la pregunta más importante- lo producen. Pero ¿y todo lo demás?
Recordemos que la Familia Empresaria, de la cual el negocio o las unidades productivas hacen parte, es mucho más que el negocio mismo. Es un sistema, denominado por muchos como complejo, dentro del cual subsisten numerosos retos y amenazas que ponen en riesgo constante una transmisión eficiente del legado, un tránsito generacional exitoso y la continuidad misma del sistema. Pero no todo es negativo, y la perspectiva bajo la cual se debe llevar a cabo el análisis y se hacen los diagnósticos para construir la estrategia de continuidad debe partir de una óptica positiva y constructiva.
Una perspectiva que permita crear indicadores puntuales y específicos, a partir de los cuales se pueda fijar una hoja de ruta hacia el crecimiento y la consolidación de la Familia Empresaria en todas sus esferas y sistemas. Para guiar a una Familia Empresaria en este propósito, me atrevo a formular estas tres preguntas fundamentales, con sus posibles respuestas.
Uno: ¿Estamos formando propietarios responsables? Una respuesta para este interrogante podría ser del siguiente orden: “Sí, desarrollamos de manera permanente y rigurosa dinámicas activas desde la generación a cargo (Now Gen) para incluir a quienes habrán de sucedernos en el futuro (Next Gen), atraer talento y hacerlos sentir orgullosos de lo que han construido sus antepasados, generando en ellos un sentido de pertenencia basado en el orgullo y la responsabilidad de preservar, mantener y hacer crecer el legado”.
Dos: ¿Propiciamos el diálogo constructivo y respetuoso? Respuesta posible: “Hemos identificado barreras de comunicación muy serias, que vienen incluso de asuntos y dolores del pasado. Somos conscientes del problema, pero lo enfrentamos con iniciativas creativas e innovadoras”.
Tres: ¿Cómo avanza la familia en el proceso de construcción y formalización de acuerdos?
Respuesta recurrente: “Al principio nos confiamos en la costumbre y en la confianza de seguir haciendo las cosas como se venían haciendo en el pasado, basándonos en las buenas relaciones y el cariño familiar. A medida que fue creciendo la base de la pirámide familiar, la situación se fue complicando y ensayamos construir acuerdos a partir del consenso. Sin embargo, nunca se logró llevar a cabo conversaciones profundas y el proceso generó mucho dolor. Patinamos durante años, hasta que fuimos capaces de pedir ayuda y, luego de un proceso serio, basado en una metodología clara y una dinámica participativa, logramos concretar los acuerdos fundamentales que hoy nos han ayudado a navegar las aguas complejas del tránsito generacional y la consolidación del liderazgo familiar y empresarial”. ¿Y ahora? Construya sus propias preguntas y trabaje con su familia en las respuestas.
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