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ANALISTAS 05/03/2026

Continuarán… El conflicto es inevitable, la violencia es opcional

Rodrigo Lozano Vila
Abogado - Consultor de Empresas Familiares
La República Más

En cualquier situación en la que interactúan individuos y grupos existen detonantes para el conflicto. Algunos de ellos pueden ser asuntos no resueltos del pasado, objetivos contrapuestos y la ausencia, durante muchos años, de un diálogo profundo y constante. El conflicto inherente a la familia empresaria amerita conocimiento, análisis y desarrollo de habilidades para manejarlo.

El conflicto está ahí, presente en todo momento. Es difícil -aunque no imposible- evitarlo. Una vez inicia, corresponde gestionarlo y lograr que las cosas vuelvan a su estado inicial y, por qué no, a un estado mejorado. No es una tarea fácil. Deben mediar la humildad y la capacidad de ofrecer excusas, perdonar y ser perdonado.

Cabe aquí la analogía con el fuego: hacemos todo por prevenirlo, pero los elementos para encender una chispa y causar una conflagración están por todas partes. Nos entrenan para apagar incendios, contamos con herramientas para enfrentarlos e incluso existen profesionales dedicados a ello: los bomberos. Así como de las cenizas pueden resurgir cosas buenas, de un conflicto puede emerger un aprendizaje y la oportunidad de un nuevo comienzo. Incluso puede afirmarse que, en muchos casos de relaciones que vuelven a nacer, fue necesario que se diera el conflicto para sacar del fondo del corazón aquellos elementos que actuaron como detonantes.

A finales del año pasado tuve el privilegio de escuchar a Doug Baumoel, quien presenta en su libro Deconstructing Conflict una interesante aproximación a la prevención y manejo del conflicto familiar. Por un lado, lo plantea como una gran ecuación en la que interactúan distintas variables que deben identificarse y comprenderse a fondo; por otro, en su conferencia, llama la atención sobre la necesidad de evitar que el conflicto -en sus diferentes fases- llegue al rompimiento.

Quienes, como yo, nacieron en los 70, e incluso antes, recordarán el juego Ruta, un juego de mesa con cartas cuyo objetivo era recorrer la mayor cantidad de kilómetros. Tanto los oponentes como uno mismo tenían la posibilidad de interrumpir la ruta del otro con un pinchazo, una varada por gasolina o una avería. Esta referencia a un juego hostil, donde se gana imponiendo la maldad, me llevó a reflexionar sobre posibles maneras de poner a una familia a dialogar con mayor profundidad.

Como parte de dinámicas familiares orientadas a un mejor conocimiento mutuo, creé junto con mi equipo un juego de mesa llamado Ruta Familiar, que busca fomentar un diálogo profundo entre los miembros de una familia empresaria. Es un juego en el que las preguntas no las formulan los jugadores, sino el propio juego, y donde se promueve una interacción basada en un diálogo respetuoso y constructivo.

Soy un gran entusiasta de las dinámicas familiares que logran construir tejido familiar, conocer, difundir y expresar los valores positivos que todos los miembros de la familia reconocen y aplican. Actividades que nos ayudan a conocernos mejor y a borrar huellas indelebles -a veces impuestas por nuestros antepasados- de historias que nublan el presente y dificultan la construcción del futuro.

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