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Visión alternativa de 2018

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Si bien esta afirmación puede contrariar a algunos y enfurecer a otros, considero que, dadas las circunstancias y hechas las debidas salvedades, el año 2018 fue positivo para Colombia.  Hubo una dosis adecuada de cambio y continuidad en aspectos esenciales de gobernabilidad. La economía, lo mismo que la sociedad civil, hizo valer su fortaleza y su flexibilidad. Lo cual no debe interpretarse como que todo haya salido a la perfección.  Por el contrario, el campo para la mejoría es amplio. No obstante, evocando la frase afortunada de Álvaro Gómez Hurtado, el país dio señales de que se ha ido logrando cierto acuerdo acerca de lo fundamental.

Al igual que el episodio de Sherlock Holmes titulado Silver Blaze, en el cual la clave para resolver el crimen fue el perro que no ladró, son dignas de mención algunas de las calamidades que no ocurrieron.  En medio de un ambiente de polarización acentuado, se celebraron unas elecciones con plenas garantías, cuyo resultado fue reconocido sin controversia. La transferencia de poder al nuevo gobierno ocurrió dentro de los parámetros de la tradición democrática del país.  La renovación de los cuadros directivos del gobierno tuvo lugar sin que se hubiera presentado una discontinuidad en las directrices de las políticas de Estado. Con diferencias de énfasis y de matiz, se conservaron los grandes lineamientos de la política internacional, la política económica y la política de defensa.

En contra de lo que unos deseaban y otros temían, el acuerdo de paz no se hizo trizas.  La decisión de mantener abierta la frontera oriental y darles una acogida generosa a los migrantes venezolanos se ratificó.  Tampoco se dio marcha atrás, como se había insinuado durante la campaña presidencial, al ingreso de Colombia a la Ocde. En materia de seguridad, el país sigue siendo socio global de la Otan.

El desempeño económico ha estado condicionado por un proceso de ajuste al choque externo del precio de los commodities.  El ritmo de crecimiento es apenas modesto, aunque duplica el de América Latina. La tendencia que refleja es la de una gradual reactivación que lo acercaría al potencial de crecimiento de largo plazo de la economía.  La inflación baja y estable se encuentra dentro del rango meta. El nivel de desempleo se mantiene en un dígito. La economía ha logrado absorber la mayor oferta laboral proveniente de la migración venezolana y seguir generando empleo.

Cuando ha tenido lugar una significativa salida de capitales de las economías emergentes, Colombia sigue recibiendo inversión extranjera directa e inversión de portafolio.  Los ejes centrales de la política económica siguen siendo la regla fiscal, la tasa de cambio flexible y el régimen de inflación objetivo. El compromiso del Banco de la República con la estabilidad macroeconómica no se cuestiona.  El consumo de los hogares mantiene el impulso al mercado interno, como puede observarse por las cifras de actividad comercial y de tráfico aéreo doméstico. Estos son algunos de los factores que permiten evaluar el 2018 con benevolencia.

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