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Las tribulaciones de Mercosur

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El Mercosur, como esquema de integración regional, atraviesa un mal momento. Las negociaciones para lograr un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que han tardado más de diez años, todavía no han concluido. Las discrepancias entre los países miembros han obstaculizado la liberalización efectiva del comercio recíproco. La institucionalidad de Mercosur no se ha recuperado de la decisión tomada en julio del 2012 por los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay de suspender al gobierno de Paraguay para incorporar a Venezuela. Se violó el requisito de unanimidad de los países miembros para admitir nuevos socios que estipula el Tratado de Asunción, constitutivo del organismo regional.

La dirección en la cual se está moviendo la economía mundial amenaza con relegar a Mercosur a un papel marginal y anacrónico.  No es un actor relevante en el comercio internacional.  Tampoco constituye un ejemplo exitoso de conformación de un mercado ampliado, regido por la misma normativa comunitaria.  Las dificultades actuales son el resultado de fallas de diseño institucional y de decisiones cuestionables de política comercial.

La experiencia ha demostrado que hubiera sido preferible tratar de integrar unas economías disímiles por medio de un  acuerdo de libre comercio.  Haber optado por el formato de una unión aduanera con un arancel externo común alto ha conducido a estimular los incumplimientos y las fricciones comerciales entre los países miembros.  El sesgo proteccionista de Mercosur ha sido perjudicial.

En la IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata en noviembre del 2005, los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela se opusieron al establecimiento del Área de Libre Comercio de las Américas, Alca, iniciativa que contaba con el respaldo de los gobiernos de veintinueve países.  El entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se ufanaba del triunfo que representaba haberle dado sepultura al Alca.  En retrospectiva, esa victoria resultó ser menos contundente de lo que se pensaba.  Lo que se proponía el Alca se ha ido haciendo en forma gradual y selectiva.  Para el régimen venezolano rechazar el Alca ofrecía beneficios políticos a bajo costo, dada su aversión al libre comercio y el predominio del petróleo en su canasta exportadora. 

En cambio, para otras naciones latinoamericanas, el acceso privilegiado de sus manufacturas y sus productos agropecuarios a los mercados de países desarrollados es un objetivo deseable.  Eso explica los acuerdos de libre comercio que México, Colombia, Chile y Perú han suscrito con Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea y países de la Región Asia-Pacífico.  

Transcurridos más de veinte años de existencia, Mercosur experimenta una crisis existencial.  Superarla va a requerir hacer cambios significativos.  Argentina y Venezuela están restringiendo las importaciones a causa de sus desequilibrios macroeconómicos.  El arreglo institucional, que debería haberles suministrado a los países miembros una plataforma para proyectarse hacia el mundo exterior, se ha convertido en un factor de discordia.  Por fuerza de los hechos, le corresponderá al gobierno de Brasil la responsabilidad de reinventar a Mercosur, si desea salvarlo de la irrelevancia.

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