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La crisis de Grecia en clave latinoamericana

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Las negociaciones del gobierno griego con sus acreedores internacionales para obtener un rescate financiero tienen poca relevancia para la actualidad latinoamericana. Pero los ideólogos del populismo autoritario tuvieron la ilusión de que habían encontrado en Atenas un aliado para la causa anti-occidental bolivariana.  Algunos pensaron que el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, era el gobernante que implementaría una versión europea del Socialismo del Siglo XXI.  

La etapa inicial de las negociaciones daba pie para imaginar que soplaban vientos tropicales por el Mar Egeo. Tsipras no usaba corbata; y el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, era un personaje folclórico que andaba en motocicleta y lucía una chaqueta de cuero.  En un gesto de afirmación inmobiliaria, Varoufakis exigió que las reuniones con los técnicos de la troika, Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional, tuvieran lugar en un hotel de Atenas, en vez de hacerlo en las oficinas gubernamentales.

Hubo un momento en el cual se pensó que el gobierno griego llamaría a las barricadas para emprender una lucha heroica contra sus acreedores internacionales comparable a la de principios del siglo XIX contra el Imperio Otomano.  Tsipras convocó a un referendo para rechazar las condiciones fijadas por los gobiernos de la Zona Euro para aprobar el rescate financiero que Grecia requería.  Sin el cuantioso apoyo de sus socios europeos, Grecia se vería obligada a declarar la moratoria de su deuda externa, abandonar el Euro, prescindir del crédito del Banco Central Europeo y adoptar el dracma como moneda nacional.  Ésta era la alternativa que recomendaban los miembros radicales del gobierno, y la que entusiasmaba a los voceros del anti-imperialismo bolivariano.       

Grecia es un país capitalista desarrollado, miembro de la Ocde y de la Otan.  Tiene un PIB per cápita, a paridad de poder de compra, de US$ 25.900.  A pesar de sus dificultades económicas, el nivel de ingreso de su población supera con creces los de Argentina o Venezuela.  Como país miembro de la Unión Europea, Grecia recibe un flujo anual de recursos de asistencia equivalente al 3 % del PIB.  

Al medir las consecuencias de excluir a Grecia de la Zona Euro, Tsipras optó por una alternativa diferente.  Sustituyó al ministro de Finanzas y aceptó someter a la aprobación del Parlamento las reformas acordadas como requisitos para obtener un crédito cuantioso y conservar el Euro como moneda nacional.  Solicitó el apoyo a las reformas como un voto de confianza en su gestión.  Al perder el respaldo parlamentario del sector más radical de Syriza, presentó la renuncia en búsqueda de un mandato popular para su gobierno en elecciones convocadas para el 20 de septiembre.

Sería aventurado predecir que Tsipras obtendrá el respaldo necesario para formar gobierno en esas elecciones.  Sea cual fuere el resultado, es poco probable que en el futuro próximo se vea al líder griego en la compañía de Nicolás Maduro, Evo Morales y Daniel Ortega, con el puño en alto, proclamando Patria, Socialismo o Muerte.

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