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Brasil en transición

Según una frase que se le atribuye al escritor austríaco, Stefan Zweig, Brasil es el país del futuro, y lo seguirá siendo. Es una expresión que hace referencia a las posibilidades que le brindan a esa nación su tamaño y su favorable dotación de recursos naturales, así como el reconocimiento de que, por algún motivo, los intentos por convertir las posibilidades en realidad han sido poco satisfactorios. Esta discrepancia, señalada por propios y extraños, ha sido un motivo de frustración para quienes en Brasil consideran que su país está llamado a ejercer el liderazgo de América Latina, como cuestión de derecho propio.

La historia reciente del Brasil incluye turbulencia política, representada por 21 años de dictadura militar entre 1964 y 1985, y un manejo económico errático que implicó tener siete monedas distintas entre 1985 y 1993.  Con razón decía el compositor Tom Jobin: ‘Brasil no es para principiantes’. La combinación de inestabilidad política y desorden financiero ha dejado una secuela de discontinuidades y sobresaltos. Como consecuencia de esas vicisitudes, Brasil puede ser percibido como el país de las transiciones.

Entre 1985 y 1989, tuvo lugar la transición de la dictadura a la democracia, que culminó con la adopción de una nueva Constitución.  En 1994 se inició la transición de la hiperinflación a la inflación moderada, con la puesta en vigencia del Plan Real. Ahora se inicia otra transición, originada en la separación temporal de la presidenta Dilma Rousseff de su cargo, mientras se lleva a cabo el juicio político que podría conducir a su destitución por parte del Senado. Sin haber transcurrido dos años completos del segundo período presidencial de Rousseff, Brasil tiene un gobierno nuevo. Lo dirige el presidente interino Michel Temer, quien pertenece al Pmdb, un partido cuya orientación política es diferente a la del PT, el anterior partido de gobierno.

El gobierno ha anunciado la intención de hacer rectificaciones en las políticas públicas y ha procedido a hacer los cambios de funcionarios correspondientes. En materia económica, se ha reconocido la magnitud del déficit fiscal heredado y se han dado los primeros pasos para moderar el crecimiento del gasto gubernamental. Tanto Petrobras como Electrobras tendrán nuevos directores. En el transcurso de los últimos 18 meses, Brasil ha tenido cuatro Ministros de Hacienda y dos Gobernadores del Banco Central.

Donde se observa un marcado contraste con el pasado reciente es en la conducción de la política internacional. Así lo indican las siguientes declaraciones del nuevo canciller, José Serra: “…la diplomacia volverá a reflejar de modo transparente e intransigente los valores y los legítimos intereses de la sociedad brasileña, no las conveniencias y preferencias ideológicas de un partido político o de sus aliados en el exterior. …Estaremos atentos a la defensa de la democracia, de las libertades y los derechos humanos en cualquier país, en cualquier régimen político, en consecuencia con las obligaciones asumidas en tratados internacionales”. Ese pronunciamiento sugiere que Brasil se propone desempeñar un papel más constructivo  en las relaciones hemisféricas.