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Analistas 18/06/2021

¿Y por qué tanto miedo?

Roberto Rave Ríos
Co Fundador Libertank

Perdido entre los libros del poeta Mario Benedetti, cómo se encuentran perdidos muchos conceptos y liderazgos hoy en nuestra realidad, hallaron sorpresivamente sus versos inéditos no publicados. Uno de ellos me sirve de antesala para escribir el tema que hoy nos reúne:

“El miedo y el coraje son gajes del oficio, pero si se descuidan los derrota el olvido”.

Por estos días he tenido la oportunidad de estar en diferentes conversatorios con empresarios del país. Muchos de ellos siguiendo la máxima coyuntural de “conversar”, han reunido líderes de todos los ámbitos para intercambiar posturas y puntos de vista sobre lo que está ocurriendo. Estos encuentros han sido intensos y aleccionadores pero me ha llamado la atención la ambigüedad y el miedo de muchos empresarios para defender lo que representan. Es como si se avergonzaran o se lamentaran de algo que tal vez desconozco. A veces parecen estratégicamente usar la diatriba de “filosofar” para dejar a un lado la posibilidad de defender el modelo que ha hecho de Colombia un mejor país. Aunque parece que el relato de un país en caos este ganando el primer tiempo del partido, es indiscutible que si miramos atrás, somos un mejor país, esto sin desconocer la devastadora ola de desesperanza que ha dejado en el mundo la pandemia. Algunas cifras para justificar mi afirmación: 1995 la cifra de protegidos por el sistema de salud en el país llegaba a 29,2% para 2018 ya alcanzaba 94,66% de la población, la esperanza de vida ha incrementado 7,4 veces desde 2002 llegando a 77 años. Pasamos de tener 700 kilómetros de vía doble calzada en 2009 a tener 2.279 kilómetros en 2019. El número de empresas en Colombia ha crecido un 33% en los últimos 7 años. De 2009 a 2019 aumentó el movimiento de pasajeros en un 134%, la educación superior pasó de tener una cobertura de 31,6% en 2007 a 51,5% de alumnos de colegio que llegaban a la universidad para el 2016. Un avance de 19 puntos porcentuales. El internet, que arribó en 1995 a Colombia, se ha democratizado a una gran velocidad y hoy el país se encuentra en los primeros lugares de Latinoamérica en penetración de internet, más de 35 millones de ciudadanos, casi 70% de la población tiene conexión a internet.

¿Hubiera sido esto posible sin la existencia de la empresa privada? Indiscutiblemente no. El aporte de las empresas no solamente vía impuestos-pues en Colombia 81% del recaudo directo está sobre los hombros de las empresas- sino también a través de su ingenio, su capacidad de trabajo, su liderazgo, su tenacidad, su cooperación y afán para buscar soluciones y crear oportunidades aun en los tiempos más difíciles, han sido pieza fundamental en el desarrollo de nuestro país. Y aunque a muchos se les pase por alto, cabe recordar que en Colombia más de 91% del tejido empresarial es representado por micro, pequeñas y medianas empresas.

¿Por qué nos da pena defender las empresas? ¿Por qué no asumimos el liderazgo que nos corresponde para sacar a Colombia de esta crisis? ¿Por qué calculamos tanto nuestro bienestar propio y nuestra comodidad y no enfrentamos el papel que nuestro país nos dicta? Es cierto que debido a la pandemia hay 3 millones más de colombianos en situación de pobreza, es cierto que hay amigos, hermanos, ciudadanos que la pasan mal. Sin embargo, ¿Existe otra manera más eficiente de aportar que la creación de empleo, de oportunidades y de más empresas?

¿Será que para conversar debemos ignorar lo que hemos construido con los años? ¿Será que debemos llamar al panadero, al tendero, al taxista, al peluquero, al confeccionista, al agricultor, a la multinacional, al cantante, influencer, artista o a cualquier iniciativa privada exitosa, terrateniente privilegiado y carente de empatía?

Conversar bajo la premisa de la diferencia no implica ponerse pantalones amarillos o nariz de payaso y menos cuando se trata de defender el desarrollo social y el modelo democratico.

Post Scriptum: Como dice el director académico de Libertank Juan David Garcia, el capitalismo o es consciente o no es capitalismo.