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Analistas 10/09/2020

Francisco y las metas del tercer milenio

Regino Navarro Ribera
Consultor empresarial y coach

Hace pocas semanas, el Papa Francisco pronunció una homilía que produjo un fuerte impacto en todo el mundo. Hablando de la nueva normalidad, ese escenario en que quedará la sociedad cuando los efectos de la pandemia hayan desaparecido, manifestó que “no debería incluir las injusticias sociales y la degradación ambiental”, y añadía el Papa: “Tenemos una oportunidad para construir algo nuevo. Por ejemplo, dar impulso a una economía donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro; una economía que contribuya a la inclusión de los marginados, a la promoción de los últimos, al bien común y al cuidado de la creación”.

Porque, además del coronavirus, es preciso, decía “curar otro gran virus: el de la injusticia social, la marginación y la falta de oportunidades para los más débiles”. No es nuevo este planteamiento en Francisco, que ya desde el inicio de su pontificado lo hizo público. En aquel entonces fue tildado en numerosas ocasiones y en ámbitos diversos, de comunista. Por eso ahora añade que la “opción preferencial por los pobres no es una opción política, ni siquiera una opción ideológica o una opción de partido: está en el centro del Evangelio”.

Es claro que el Papa no es comunista, ¿pero no será ingenuo? Ahora que hablamos de calentar motores para reactivar la economía y volver y recuperar lo que hemos perdido, las palabras del Francisco suenan, por lo menos, a salidas de contexto, fuera de tono. Sin embargo, podríamos hacer el siguiente ejercicio mental. Imaginemos que el mundo se decidiera por aplicar la fórmula de dar preferencia al pobre en los planes de desarrollo para impactar en la pobreza y la miseria actual.

Bueno en teoría esta opción está vigente ya en los planes de la ONU, y se denomina “metas del tercer milenio”. Déjenme que copie aquí un párrafo de Wilkipedia, que dice así. “A día de hoy, 1.200 millones de personas subsisten con un dólar al día, otros 925 millones pasan hambre, 114 millones de niños en edad escolar no acuden a la escuela, de ellos, 63 millones son niñas. Al año, pierden la vida 11 millones de menores de cinco años, la mayoría por enfermedades tratables; en cuanto a las madres, medio millón perece cada año durante el parto o maternidad. El sida no para de extenderse matando cada año a tres millones de personas, mientras que otros 2.400 millones no tienen acceso a agua potable”.

Para combatir esta situación tuvo lugar en septiembre de 2000, en la ciudad de Nueva York, la Cumbre del Milenio. Representantes de 189 estados recordaban los compromisos adquiridos en los noventa y firmaban la Declaración del Milenio, en la que se recogen objetivos referentes a la erradicación de la pobreza: erradicar la pobreza extrema y el hambre, la educación primaria universal, la igualdad entre los géneros, la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, el avance del VIH/sida y la sostenibilidad del medio ambiente. Como se ve la Iglesia Católica, la mayoría de los países del planeta, todo tipo religiones, muchas ONG, etc., están de acuerdo en construir una nueva realidad. ¿Entonces por qué avanza tan lento este proceso? Me imagino que habrá muchísimas causas, pero yo solo quiero apuntar una solución. Es también muy lenta pero segura. Lograr que cada persona de buena voluntad se comprometa a lograr una meta del tercer milenio con alguna familia que esté a su alrededor de una u otra manera.

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