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Macondo y la energía en el Caribe

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Dicen los expertos en planeación y desarrollo que el servicio más caro para los pobres es el que no existe y citan como ejemplo el del agua que hay que comprarle al hombre del carrotanque o del burro. Pero en el caso de la energía en la Costa Caribe, ese principio habría que someterlo a revisión porque el servicio se presta, pero no solo es deficiente sino caro. 

Como también pasa con el gas o con agua en Riohacha o Santa Marta que ahora, además, es víctima de la energía porque el deficiente suministro eléctrico está generando problemas para bombear los pozos en la capital samaria. Lo que faltaba.  

La protesta con carteles y bloqueos de carreteras ha pasado a hacer parte hoy del paisaje de capitales y ciudades intermedias que salen a expresar su rechazo a los cortes frecuentes, los apagones, los cambios de voltaje, el alto costo de las tarifas y la actitud no solo de Electricaribe y su apéndice social, sino también a la falta de acción del Ministerio de Minas y las autoridades de control como la Superintendencia de Servicios que impone multas que poco asustan a las empresas para que el servicio sea de calidad.

Las cifras oficiales no mienten respecto a la calidad: en 2014, la lista de las más de 25.000 reclamaciones por cada mil habitantes que llegaron a la Superservicios la encabezan Sabanalarga (Atlántico), San Andrés Riohacha, Valledupar y Malambo (Atlántico).  Todos municipios de la Costa.

 Soluciones se han planteado de muchos tipos, pero hasta ahora el problema persiste porque no está remitido a solo bajar tarifas por decreto. En 1998 se creyó que era un asunto de desgreño y corrupción de las empresas estatales de la región y que la salida era privatizar, como en efecto ocurrió. Hoy, tarifas altas y servicio deficiente son la acusación permanente contra Electricaribe que, según dijo en un reciente debate en el Congreso el representante cordobés David Barguil, ha cobrado incentivos por $30.000 millones por mejoras en la calidad de un servicio que presentó 76 Interrupciones por usuario/año.  

Sobre este mismo tema, la ex ministra Cecilia López, que conoció de cerca la liquidación de las empresas regionales se preguntaba con razón en una columna reciente: “¿Será posible que los vicios por los cuales se privatizaron las empresas de energía en la Región Caribe en 1998, olímpicamente los está repitiendo el supuestamente eficiente sector privado y la inversión extranjera…?”.

Visto el tema con distancia, la idea fue buena, pero otra cosa son los negocios y sus modelos en la práctica. No  se han hecho las suficientes inversiones en redes, subestaciones  y transformadores, lo que impacta el costo de operación y el servicio y, por tanto, las tarifas. Pero el gobierno nacional tampoco ha mostrado mayor empeño en buscar salidas concertadas entre el operador, los gobiernos locales y los usuarios.

Preocupa que lo poco que se conoce hasta ahora sean salidas de bajo impacto como repotenciar transformadores o aumentar subsidios y no acciones que atiendan a los retos de internacionalización de la región. 

Una cosa eran los tiempos cuando los gitanos llevaron el hielo a Macondo y otro el de la competitividad. Si del operador actual dependiera la energía en los tiempos de Macondo, el coronel Aureliano no hubiera conocido la maravilla del hielo en medio del abrasador calor del trópico Caribe colombiano.
 

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