sábado, 25 de julio de 2020

Colombia siempre ha tenido serendipias económicas asociadas a las riquezas naturales. Los conquistadores y los colonizadores llegaron en búsqueda de riquezas: las esmeraldas y el oro que posteriormente fueron complementados con otras delicias naturales como el cacao, el tomate, el maíz entre otras decenas de productos.

Con el tiempo se fue sofisticando esta mixtura en doble vía con la llegada desde Europa de las aves de corral, animales vacunos, caprinos, caballos, perros, gatos y conejos, así como elementos culturales y religiosos. De la misma forma llegaron el café, el arroz, el plátano y las abejas, entre otros productos que ahora consideramos nuestros.

Al inicio de la República las discusiones motivadas por la envidia, el modelo económico y los caudillos que confrontaban al pueblo echando culpas y justificando peleas entre nosotros mismos, han hecho que siempre hemos lleguemos tarde a las oportunidades que ofrece el contexto internacional; solo hasta mediados del siglo XIX, Colombia pudo llegar a los mercados internacionales y aprovechar la bonanza de la quina y el tabaco, así como empezar a figurar con el algodón, el añil y los sombreros de paja. Para finales de ese siglo, ya la nueva bonanza se complementaría con café, dividivi de La Guajira y las maderas. Pero como no en todas las regiones de esa Colombia federal se podían producir o extraer los productos importantes, se enervaron las diferencias ideológicas y terminaron en conflictos y varias guerras civiles siendo la más recordada la guerra de los 1.000 días.

El tabaco atrajo a las empresas alemanas y la bonanza fue de casi 30 años, periodo en el que hubo importantes ingresos fiscales, empleo especializado e inmigrantes. La otra bonanza por varias décadas fue la quina, planta medicinal más importante en el siglo XIX - XX, para tratar la malaria y las fiebres. El polvo de esa corteza alcanzaba valores de su peso en oro, hasta que las plantaciones de los ingleses en Ceilán y Java se ganaron el mercado.

En el siglo XX la quina, el tabaco y el oro también fueron importantes, además de que aparece el café en la postguerra primera; para 1960 llegó a ser 80% del total de las exportaciones con un repunte importante en los años 70 y 80 particularmente, donde el café alcanzó el máximo precio y de producción. Por esos años, también los cultivadores de plátano del Magdalena y de Antioquia se convierten en un renglón de trabajo, impuestos y exportaciones, llegando a tener el 3,9% de participación mundial.

En el sector minero energético el oro había venido siendo una actividad permanente y el petróleo se vuelve producto de exportación desde 1927 soportando así las finanzas del país, aunque lamentablemente en los años 70 se dio una interrupción de casi 10 años en que hubo que importar crudo, con graves repercusiones. Gracias al cambio de contrato petrolero llegan de nuevo las inversiones y en 1986 se reinician las exportaciones de Caño Limón en Arauca y en los 90 de campo Cusiana en Casanare. Simultáneamente en los 80 se inicia la producción de la mina de Cerrejón y de níquel en Cerro Matoso Córdoba, que siguen dando beneficios.

El escenario futuro está dado en la ruralidad con productos que conocemos técnicamente, que somos competitivos y que podemos exportar como café, banano, azúcar y derivados, aguacate, cacao, carne bovina, aceites de soya, palma y almendra, plantas aromáticas, cítricos, frutas, flores, caucho y cannabis medicinal. Otro producto que también debemos cuidar son nuestros bosques y particularmente el del Amazonas, con proyectos de captura de CO2 que traen inversión, investigación y trabajo.

El sector mineroenergético se debe seguir fortaleciendo como recurso estratégico y de alto impacto fiscal para poder hacer inversiones en salud, educación, seguridad, justicia y garantías pensionales; la minería bien hecha, las energías alternativas, la industria petroquímica, el gas como combustible limpio para transporte, para la calidad de vida en los hogares.

Todo lo anterior se ha logrado y se seguirá logrando gracias a visionarios, emprendedores que hacen empresas y arriesgan su capital. Está claro también que en esta coyuntura el esfuerzo debe ser de todos los que estamos comprometidos a ganarle a esta crisis y esta vez necesitamos el liderazgo decidido y valiente de todos los funcionarios del ejecutivo, del legislativo y de la rama judicial judicial desde y en la ruralidad, aseguren la presencia del Estado en los territorios.

*Tabaco, Quina y añil en el siglo XIX Edna Carolina Sastoque Banrepcultural