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New York Times

Quietismo

Permítanme empezar con el quietismo. Es básicamente decir que ustedes renuncien al intento de involucrarse con el mundo en general. Se encierren en sí mismos. Se enfoquen en su especialidad. Si se dedican a la economía, regresen a escribir ensayos que sean leídos por unos cuantos cientos de personas y renuncien a cualquier intento por difundir lo que tienen que decir a un mundo más amplio. Para mí, al menos, esa es definitivamente una tentación muy fuerte.

Permítanme decirles lo que hice la mañana del domingo. Tenía que escribir una columna más tarde ese día, pero decidí que necesitaba aclarar algunas cosas en mi mente, y entonces quizá hacer un reporte para otras personas. Así que pasé varias horas muy felices leyendo algunos ensayos académicos, luego acurrucándome con mi amigo F.R.E.D., que son las siglas en inglés de Datos Económicos de la Reserva Federal. En un sitio web fantástico para extraer números.

Fue una experiencia maravillosamente relajante y tranquilizadora. Fue algo así como el equivalente para el nerd de ver videos de gatos en YouTube; lo cual también hago, dicho sea de paso. Así que fue grandioso.

Obviamente, la gente seguirá haciendo ese tipo de cosas. La gente seguirá trabajando en sus mundos particulares, trabajando en cosas que no necesariamente llegarán a una audiencia masiva. Y, muy posiblemente, la mayoría de la gente va a hacer eso; no todos pueden o deberían estar tratando de influir en la opinión no técnica ni profesional. Es decir, no todos pueden escribir para The New York Review of Books.

De hecho, hace tiempo traté de escribir algo para Robert Silvers cuando yo era muchísimo más joven, y él lo rechazó de plano. Él quizá no lo recuerde. Pero tuvo razón, era espantoso; porque yo no tenía idea en ese momento de cómo hacerlo.

Pero pienso que, al final aun cuando uno sea la persona más introvertida y erudita, para todos nosotros, la justificación máxima de lo que uno hace es el hecho de que va a cambiar al mundo. Que va a mejorar las cosas.

Si leen la obra magna de John Maynard Keynes, el economista enormemente influyente, “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, que es un libro famoso por su dificultad (es muy difícil, incluso para los profesionales), al final, ofrece una autojustificación. ¿Por qué está escribiendo este libro, el cual realmente está destinado a una audiencia técnica, sabiendo que los políticos no van a leerlo? Dijo que porque las ideas importan. Su frase es: “Los hombres prácticos que se creen exentos de cualquier influencia intelectual habitualmente son esclavos de algún economista fallecido. Los locos en puestos de autoridad que escuchan voces en el aire destilan su frenesí a partir de los garabatos de algún académico de unos años antes”.

Así que las ideas salen. Pero ¿qué pasa si los locos con puestos de autoridad destilan su frenesí a partir de un sitio de noticias falsas que está siendo operado desde San Petersburgo? ¿Qué papel le queda al pensamiento sólido en ese caso?

Bueno, a menos que creamos que hay algún canal por medio del cual la erudición se abra paso hacia el mundo real, todo el asunto es muy deprimente. Así que ustedes no quieren que la gente siga tratando de hacer esa conexión.

De las varias cosas de las que estoy hablando, el quietismo es la única que encuentro más personalmente seductora, pero no estoy dispuesto a abandonarme a ella.

Entreguismo

Pueden ver cómo sucede esto, ¿no? Que como un conjunto de ideas fueron políticamente exitosas, algo deben tener.

Hay un cierto número de intelectuales de la política que son centristas profesionales: si hay dos bandos, la verdad siempre debe estar en medio, y si hay extremismo, debe ser igualmente extremo; no importa cuál sea el contexto.

Ciertamente, ustedes ya están viendo a muchas personas que empiezan a encontrar formas de afirmar que el presidente electo y su círculo interno realmente tienen algunos buenos argumentos. El problema con eso, por supuesto, es que el poder no lo hace correcto; el poder no determina la verdad. Solo porque algo tuvo un buen resultado no significa que tenga alguna validez.

Ustedes realmente tienen que aferrarse a sus principios. No deben creer que su lado siempre está en lo correcto (lo cual ciertamente no es verdad), ni creer que ustedes mismos son infalibles (lo cual definitivamente no es cierto), sino creer en que las herramientas de la razón realmente tratar de comprender la forma en que funciona el mundo y tratar de fundamentar sus opiniones de cómo el mundo debería basarse en esa comprensión no se ven influenciadas por la fortuna política. Tienen que aferrarse a eso. Básicamente, estaría renunciando a todo el sentido de su existencia si cedieran a esa tentación.

Emulación

Así que, lo que hemos visto, y no por primera vez, es que las ideas simples y totalmente equivocadas han tenido muy buen resultado. Que no hay sanción para las cosas simplistas, para las cosas que son fácilmente refutadas. Y que tener una narrativa fuerte, aun cuando sea completamente falsa, parece superar al tener una narrativa sofisticada que no sea muy atractiva emocionalmente. Entonces, ¿quizá deberíamos hacer lo mismo?

En este punto, siento que debería presentar ejemplos del otro lado del espectro político que sean contrapartes, pero realmente no hay nada al mismo nivel.

Ese es uno de mis puntos anteriores sobre los centristas profesionales; es una especie de axioma que los dos lados del debate político deben ser simétricos, pero no lo son. Simplemente hay una enorme diferencia.

Cuando veo a la gente decir: “si imponemos aranceles trumpistas y nos volvemos proteccionistas, eso conducirá a otra depresión y eliminará millones y millones de empleos”, eso no es realmente lo que el análisis económico dice. El argumento de que el proteccionismo es un aniquilador de empleos no es lo que dice el libro de texto (y yo escribí el libro de texto). Lo que el libro de texto dice es que el proteccionismo reduce la eficiencia y nos hará más pobres a largo plazo. No dice que vaya a destruir muchos empleos. Sin embargo, vimos a muchas personas que realmente debían haber sabido eso antes de publicar análisis alarmantes.

Moody’s publicó un análisis sobre los efectos de la política comercial de Trump que era escandalosamente infundado. No importó que el modelo económico no fuera correcto; no se basó en nada o en algún modelo que alguien usara para algo más. Simplemente crearon una historia sobre la marcha para tratar de asustar a la gente con [la política comercial]; y eso es tentador. Se podría decir: “Pagarán un precio cuando resulte que su análisis estuvo equivocado”, pero realmente no hemos visto a nadie pagar precio alguno por estar equivocado en los últimos meses. Hay muchas otras cosas como esta, y alguna de ellas probablemente mucho más graves que esta.

Tienen que recordar qué es lo que realmente estamos defendiendo aquí. Yo tengo valores, una preferencia política; hay cosas que quiero ver que sucedan. Eso es cierto para la gran mayoría de las personas que escriben para The New York Review; es probablemente cierto para la gran mayoría de las personas en esta sala.

Quieren una sociedad que sea más amable con los desafortunados, que consuele a los afligidos y aflija a los acomodados, y no al revés. Quieren una sociedad que sea abierta en muchas formas.

Pero hay algo que es más grande que simplemente el interrogante de qué va a suceder con la política fiscal o los programas de bienestar social o los salarios mínimos. Se ha vuelto cada vez más claro en los 17 años que he estado escribiendo para The New York Times que, aun cuando la lucha latente es obviamente entre liberalismo y conservadurismo, entre el gobierno como protector y el gobierno como siervo de la oligarquía, también es, en cierto nivel, entre defender o destruir la Ilustración.

La honestidad intelectual es un valor tan básico como todo lo demás. Ustedes no quieren empezar a decir mentiras nobles para convencer a la gente de seguir su camino porque eso significa que están sacrificando quiénes son. No se oculten en su jardín. No empiecen a encontrar cosas para afirmar que el sin sentido realmente tiene sentido después de todo.

¿Ahora qué?

Entonces, ¿qué pueden hacer?

Aun aquellos de nosotros que hemos ido más allá de la academia y nos hemos acercado a la gente no hemos trabajado lo suficientemente duro para encontrar formas de comunicarnos con un grupo de personas más grande. Sigue habiendo demasiada dependencia de los códigos, las suposiciones de que la gente sabrá o comprenderá cosas que muchos de ellos no saben ni comprenden. No es un esfuerzo de acercamiento lo suficientemente amplio.

Ahora, lo peor de eso son los argumentos desde una posición de autoridad. No creo que yo lo haya hecho (probablemente ustedes pueden encontrar un ejemplo donde yo no lo encontré, pero he tratado de no hacerlo). Me pidieron que firmara varias cartas sobre lo espantosas que serían las políticas de Trump. Tuve una excusa: el Times realmente no me deja hacer ese tipo de cosas. Pero, en cualquier caso, eso [esa estrategia] es increíblemente ineficaz. Simplemente no funciona; ni en este Estados Unidos, ni en esta etapa de nuestra civilización. Decir: “Soy un experto, créanme”, simplemente no funciona.

Pero, incluso más allá de eso, la tentación de despreocuparse y no hacer el trabajo de traducir las abstracciones en algo más concreto que la gente pueda comprender es muy grande. Y necesitamos combatir eso. Parte de ello es, de nuevo, que ustedes necesitan encontrar formas de saltarse no solo la jerga, sino las formas difíciles de entender en que plantean las cosas. Hace muchísimo tiempo, mi gran mentor en la escuela de posgrado, el difunto Rudi Dornbusch, dijo que si uno está escribiendo para una audiencia popular, no empiece diciendo: “Consideren una economía pequeña y abierta”. Digan: “En Bélgica…”.

Ahora, no quiero estar en la posición de simplemente decir: “Hagan lo que he estado haciendo. Todos deberían ser como yo”. He hecho un poco de examen de conciencia, y una cosa que pienso que es importante y que no hago, y no me sale naturalmente, es individualizar: [enfocarme en] las historias sobre la gente. Ese realmente no es mi estilo. No soy el tipo de persona que vuele a un país y conozca a una persona local sabia que suene un poco exactamente como yo. Tampoco soy el tipo de persona que haga reportajes recorriendo las calles y encuentre a una familia que esté afligida. Pero hay una razón. Siempre me molestaba, sigue molestándome, cuando los políticos dan discursos y dicen: “Déjenme contarles sobre la familia García”.

Pero hacen eso por una muy buena razón: así es como la mayoría de la gente se identifica. Es necesario hacerlo personal. Así que es algo que incluso los intelectuales públicos necesitan encontrar la manera de hacer.

Ustedes necesitarán enfocarse. No quieren comprometer sus estándares, pero necesitan preguntar: ¿Qué es eficaz? Hay personas que necesitan ser convencidas; se debe formular un argumento. ¿Cómo vamos a hacerlo? ¿Y qué cosas necesitan transmitirse? La gente tiene periodos de tiempo y atención limitados, incluso las personas que se leen de una sentada todo un nuevo número de The New York Review cada vez que sale y se distraerá con demasiada facilidad si uno se va por la tangente. Así que necesitan enfocarse.

Anoche, tuve un evento con [el ex representante demócrata] Barney Frank en el Centro de Posgrados [de la Universidad de la Ciudad de Nueva York] sobre el avance adicional en la reforma financiera, y terminó siendo sobre si algo de ella puede salvarse.

Barney planteó un gran punto sobre la comunicación política. Dijo: “Deben comprometerse con decir la verdad y nada más que la verdad, pero no necesariamente toda la verdad. En ocasiones, eso es una distracción”.

Pienso que eso es correcto. Necesitan enfocarse. Y, sobre todo, si puedo decir esto a aquellos de nosotros que somos intelectuales públicos, buscar pleitos con sus colegas y querer estar siempre en la delantera siempre es malo, pero, en este ambiente, es un pecado absoluto. No se trata de ustedes. Se trata del mundo.

Y luego, bueno, seguir insistiendo. Mi abuela, cuyo inglés a veces era maravillosamente excéntrico, decía que Roma no se construyó de la noche a la mañana. Deben tener paciencia y aceptar que muchas veces no van a ganar una disputa, al menos a corto plazo. La gente mala prevalecerá en las elecciones; la gente que ustedes saben que están diciendo tonterías absolutas serán, no obstante, escuchadas por las personas en el poder, y quizá convenzan a mucha gente. Pero eso no significa que no puedan, si son persistentes, marcar una diferencia positiva. Simplemente deben insistir en ello.

Necesitan mantener una piel gruesa y prepararse para los reveses. También necesitan prepararse para recibir muchos ataques personales. Mi correo es interesante, y sin duda se volverá más interesante en los próximos años. Pero eso es lo que necesitan hacer.

Sigan presionando a favor de la vida de la mente como un camino hacia, al menos, un mejoramiento posible de la vida en general.

Las fuerzas que acabamos de ver eran algo que cualquiera que estuviera poniendo atención hubiera sabido que existían, pero resultaron ser más fuertes de lo que cualquiera imaginó. Quizá sea una larga noche. Si parezco tranquilo y reconciliado, vaya, no lo estoy. No pasa un solo día, ciertamente no pasa una sola noche, sin un periodo de inquietud y pánico. Pero uno tiene que hacer lo que tiene que hacer.

En todo eso, el papel del pensamiento sólido y un intento de hacer llegar ese pensamiento sólido a un público más amplio e inteligente van a ser más esenciales que nunca.

Estoy muy orgulloso de que me hayan pedido que ofreciera esta conferencia. Es simplemente algo maravilloso lo que Bob Silvers ha creado. Quizá miremos hacia atrás dentro de 10 años y digamos: “Vaya, estábamos deprimidos, pero al final todo resultó bien”

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