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El mundo según el partido republicano

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La reportera Lydia DePillis preguntó recientemente en Wonkblog, un blog de The Washington Post: “¿Se acuerdan de cuando a los republicanos les preocupaba la ‘incertidumbre económica’?”

De hecho, no, no me acuerdo. Me acuerdo de cuando afirmaron estar preocupados por la incertidumbre económica, pero era completamente obvio incluso en ese entonces que no era más que un intento por poner un nuevo brillo cuasi académico sobre lo mismo de siempre. Lo que realmente querían decir era que la economía sólo entraría en auge una vez que nos deshiciéramos del socialista keynesiano islámico ateo e instaláramos alguien que fuera a tratar bien a la gente rica. Se aferraron a cierta investigación que, de no leerse cuidadosamente, parecía apoyar sus quejas, pero nunca hubo dudas de que dejarían de lado el tema de la incertidumbre en cuanto no resultara conveniente para la búsqueda de sus metas reales. Y así lo hicieron.

Es muy parecido al debate sobre la austeridad, donde siempre fue obvio que toda la queja por la deuda realmente era una forma de ir tras el Estado benefactor, un punto demostrado vigorosamente por la hostil reacción de gente como Olli Rehn, el Comisionado Europeo, cuando los franceses empezaron a reducir su déficit elevando los impuestos en lugar de recortar los beneficios.

El punto es que hay mucho menos argumentos económicos presentados de buena fe de lo que pudiera pensar un observador ingenuo; y eso es precisamente porque fuerzas poderosas están haciendo lo más que pueden para engañar a dichos observadores ingenuos.

Así que hasta luego “incertidumbre económica”. La verdad es que nadie jamás se la tomó en serio.

Los directores ejecutivos, todos confundidos

La Sra. DePillis ha seguido escribiendo en Wonkblog una serie informativa de publicaciones sobre el infortunio político de las grandes empresas, que con todo su dinero y conexiones no sólo se encuentran incapaces de frenar la caída en el caos sino que también son incapaces de siquiera ejercer cualquier influencia considerable. Pero sigo sin pensar que los empresarios entiendan su problema.

La Sra. DePillis toca algo de esto en una publicación reciente intitulada “Why Big Business Failed to Stop its Worst Nightmare in D.C.”, pero aún así, pienso que no llega a la raíz del problema

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