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El efecto sobre la banca sombra de la reforma financiera

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Primero, que la tan calumniada ley de reforma financiera Dodd-Frank está haciendo verdadero bien. En segundo lugar, que los republicanos han estado diciendo disparates sobre el tema (bueno, quizás lo segundo realmente no sea noticia, pero es importante entender simplemente de qué tipo de disparates han estado hablando los republicanos).

GE Capital, la unidad financiera de la compañía, era un ejemplo por antonomasia del auge de la banca sombra. En la mayoría de los aspectos importantes fungía como banco. Creaba riesgos sistémicos de forma muy similar a un banco. Pero efectivamente no estaba regulada, y tuvo que ser rescatada vía acuerdos ad hoc que entendiblemente pusieron furiosa a mucha gente por comprometer a los contribuyentes por la irresponsabilidad privada.

La mayoría de los economistas cree que el auge de la banca sombra no tuvo tanto que ver con las ventajas de dichos bancos no bancos sino con el arbitraje regulatorio; esto es, instituciones como GE Capital se enfocaban en explotar la falta de supervisión adecuada. Y la visión general es que la crisis financiera de 2008 ocurrió en gran parte porque la evasión regulatoria había alcanzado el punto donde una ola clásica de corridas bancarias otra vez era posible (aunque con un disfraz ligeramente diferente).

La Ley Dodd-Frank intentó solucionar estos malos incentivosujetando a “instituciones financieras sistémicamente importantes” (SIFI, por su sigla en inglés) a mayor supervisión y mayores requisitos de capital y liquidez. Y sin lugar a dudas, G.E. efectivamente ahora está diciendo: Si tenemos que competir en un campo de juego nivelado, y si no podemos jugar el juego del riesgo moral, no vale la pena estar en el negocio. Es una clara demostración de que la reforma está funcionando.

Ahora bien, la línea oficial del Partido Republicano ha sido, más o menos, que la crisis no tuvo nada que ver con bancos descontrolados; que todo fue culpa de que Barney Frank, ex presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, de cierta forma forzara a los pobres e inocentes banqueros a hacer préstamos a Esa Gente. Y la línea de la derecha también afirma que la designación de SIFI de hecho es una invitación para portarse mal, que las instituciones así designadas saben que son muy grandes para quebrar y que pueden empezar a darse la gran vida con exceso del riesgo moral.

Pero tal como lo señaló recientemente el economista Mike Konczal en el blog del Instituto Roosevelt (léalo aquí: bit.ly/1OayFBA), G.E., siguiendo los pasos de otros, notablemente MetLife, está claramente desesperado por salirse de la designación de SIFI. Ciertamente parece como si ser nombrado SIFI efectivamente fuera lo que supuestamente debe ser: una carga en lugar de un bono.

Un buen día para los reformistas.

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