Analistas

El dominio del partido republicano fue solo temporal

James Fallows dice algo que también he estado pensando: “Por primera vez en mi vida consciente, el Partido Demócrata ahora está más organizado y coherente, y menos irritable y calumniador, que los republicanos”, escribió el corresponsal de The Atlantic en un artículo reciente en Internet. “Casi atonta imaginárselo”, destacó.

Efectivamente. De hecho empezó durante la temporada de primarias, cuando – como lo han olvidado muchos – el campo republicano pareció estar (y de hecho estaba) dominado por personalidades ridículas.

El Presidente Obama casi revivió la vieja imagen de los demócratas con su fallo en el primer debate, pero él y su partido se recuperaron juntos. La campaña demócrata fue profesional, mientras que los republicanos actuaron como los Keystone Kops. La imagen de Karl Rove ha pasado de aterrador amo de la política a llorón sobrepagado.

Pero iría aún más lejos: los demócratas ahora se ven como el partido natural de gobierno. El Presidente George W. Bush ya se había hecho de reputación por no poder entender nada del verdadero asunto de gobernar; lo único que supuestamente quedaba era habilidad política, y ahora eso también se ha ido. E incluso los medios noticiosos, creo, empezaron a notar que Estados Unidos no es el país de fantasía de “centro-derecha”: somos una nación diversa, étnicamente y de otras formas, donde muchas ideas liberales se han vuelto perfectamente comunes.

No obstante, con todo y orgullo desmedido y todo eso: esta coalición recientemente efectiva podría despedazarse si se da por sentada.

¿Y sabe realmente qué podría producir el tipo de base desanimada que supuestamente iba a condenar al Sr. Obama en 2012? Una traición a los valores democráticos claves como parte de una Gran Negociación del déficit. Si, digamos, el Sr. Obama eleva la edad de jubilación a cambio de vagas promesas de ingresos (promesas que serían traicionadas en la primera oportunidad) o si designa a un vilipendiador de los déficits en un puesto económico importante, todo podría venirse abajo.

Muerte por epistemología

Josh Marshall, editor de Talking Points Memo, recientemente sostuvo una interesante discusión – en parte con sus lectores, pero también con él mismo – sobre la Gran Debacle Republicana de las Encuestas. Incluso ahora parece difícil creerlo, pero todo indica que el Partido Republicano llegó al día de las elecciones en completo estado de engaño.

No sólo eran los televidentes de Fox News. No sólo era la gente de Romney. Todo el partido, tanto la base como el “establishment”, creía saber una verdad oculta a casi todas las encuestadoras no partidistas, y creía que tenía virtualmente asegurada una gran victoria. Tal como lo dijeron los lectores de Josh, en cierto nivel encaja perfectamente. El Partido Republicano moderno está muy metido en la negación de verdades inconvenientes, ya sea que esas verdades inconvenientes involucren el cambio climático o la macroeconomía.

¿Por qué no deberíamos esperar que un partido que todavía cree en la economía de la oferta luego del auge de Clinton y la quiebra de Bush también se involucre en encuestas vudú?

Y aún así, los republicanos conservaron durante mucho tiempo la temible reputación de habilidad política. ¿Cómo pueden reconciliarse estas cosas?

Sé que no estoy solo al creer que gran parte de la respuesta es que de hecho nunca fueron tan buenos; simplemente tuvieron suerte. Acuérdense, el Sr. Rowe casi echó a perder las elecciones de 2000 desperdiciando tiempo en un tour triunfal – y Al Gore hubiera sido elegidocon facilidad de no haber sido por papeletas defectuosas, purgas de criminales y una Suprema Corte de Justicia partidista.

Con una excepción, el Partido Republicano perdió el voto popular en todas las elecciones presidenciales desde 1988. Y las de 2004 fueron unas “elecciones caqui”, impulsadas por temas de guerra – aún mejor para el Partido Republicano, unas elecciones movidas por la “guerra contra el terrorismo”, donde los votantes no tenían forma de saber cómo iban las cosas a no ser por los propios alardes de victoria de la administración Bush.

Supongamos que el 11 de septiembre no hubiera sucedido. Creo que se puede armar un buen argumento en el sentido de que los republicanos hubieran perdido el Congreso en 2002 y la Casa Blanca en 2004, y nadie hubiera hablado nunca de la permanente mayoría republicana y todo eso.

La pregunta, empero, es 2010 – que tendrá un largo legado porque dio a las legislaturas estatales la oportunidad de manejar injustamente una ventaja importante en la Cámara de Representantes. Supongo que fue un evento muy contingente: mala suerte para el Sr. Obama en el ciclo económico, agravada por los errores de su propio equipo, además de una extrañamente ineficaz defensa de la reforma al sistema de salud. Pero estoy seguro que en los próximos meses tendremos análisis mucho más serios.