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El curioso caso del estímulo económico de Japón

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¿Japón vuelve a ser el país del futuro?

En su sentido amplio, seguramente no, aunque sólo sea por su demografía: los japoneses combinan una baja tasa de natalidad con una profunda aversión cultural a la inmigración, así que el papel futuro de Japón estará severamente limitado por una escasez de japoneses.

 
Pero algo muy raro está pasando en el frente macroeconómico de corto y mediano plazo. Durante los últimos tres años la política macro en todo el mundo desarrollado ha estado dominada por la ortodoxia austeritaria; incluso donde no ha habido políticas explícitas de austeridad, como en Estados Unidos, el miedo a los déficits ha llevado a consolidaciones fiscales de facto, mientras que la política monetaria se ha quedado muy corta del tipo de medidas drásticas que modifican las expectativas que los análisis teóricos sugieren cruciales para una economía que intenta ganar impulso en una trampa de liquidez.
 
Ahora, un país parece estar rompiendo con la ortodoxia – y, sorprendentemente, se trata de Japón. Según un artículo reciente del New York Times: “El viernes, el gobierno japonés aprobó gasto de estímulo de emergencia por 10,3 billones de yenes, como parte de un agresivo intento del Primer Ministro Shinzo Abe para incentivar el crecimiento en una economía durante mucho tiempo moribunda.
 
“El Sr. Abe también reiteró su deseo de que el banco central japonés se comprometiera más firmemente con frenar la deflación y bombear más dinero en la economía, que el primer ministro ha considerado crucial para lograr que las empresas inviertan y los consumidores gasten”.
 
Esto es especialmente notable porque a Japón muchas veces lo presentan como ejemplo: ¡Vean lo grande que es su deuda! ¡El desastre se vislumbra! Efectivamente en 2009 había muchos artículos en el sentido de que la tan esperada catástrofe de la deuda japonesa finalmente estaba llegando.
 
Pero, de hecho no fue así. La tasa de interés japonesa de largo plazo se elevó la primavera de 2009 por las esperanzas de recuperación, no por miedo a los vigilantes de los bonos. Y cuando estas esperanzas se esfumaron, las tasas volvieron a bajar, y actualmente están muy por debajo de 1%.
 
Y ahora viene Shinzo Abe. Tal como nos informa Noah Smith, blogger y escritor del diario The Atlantic, no es el ideal de nadie de héroe económico; es un nacionalista, niega las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y es un hombre con poco interés obvio en política económica. Si está desafiando la ortodoxia, probablemente refleja su desprecio general por la opinión enterada y no una aceptación considerada de la teoría heterodoxa.
 
Pero eso tal vez no importe. El Sr. Abe podría estar ignorando el conocimiento popular sobre el gasto y podría estar intimidando al Banco de Japón (BJ) por los motivos equivocados – pero la realidad es que de hecho está dando estímulo fiscal y monetario en momentos en que los gobiernos de todos los demás países desarrollados están muy bajo el yugo de la Gente Muy Seria como para hacer algo distinto. Y hasta el momento los resultados han sido enteramente positivos: ningún pico en las tasas de interés, pero sí una drástica caída en el yen, cosa muy buena para Japón.
 
Sería una amarga ironía si un tipo bastante malo con todos los motivos equivocados termina haciendo lo correcto en términos económicos, mientras que todos los tipos buenos fracasan porque están determinados a ser, bueno, a ser buenos.
 
Pero eso es lo que pasó, también, en la década de 1930.
 
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