Analistas

Desenredando un poco el debate de la deuda de las “generaciones futuras”

El economista Brad DeLong atacó recientemente a Nick Rowe, profesor de la Universidad Carlton, por el extrañamente confuso tema de la deuda intergeneracional; en un momento intentaré presentar una nueva forma de explicar por qué está completamente mal la presentación convencional.

“En el mundo de Nick Rowe los contribuyentes de la siguiente generación son gravados para pagar la deuda – así que pierden”, escribió en su blog el Sr. DeLong en una publicación del 12 de octubre. “Y en el mundo de Nick Rowe los tenedores de deuda de la próxima generación no ganan”, indicó.

Primero, permítanme sugerir que parafrasear en términos de “generaciones futuras” fácilmente puede convertirse en una trampa. Es muy posible que la deuda pueda elevar el consumo de una generación y reducir el consumo de la siguiente durante el periodo en que los miembros de ambas generaciones siguen vivos. Supongamos que luego de las elecciones del 2016 el Presidente Santorum intenta comprar el respaldo de la gente sénior regalando a cada estadounidense mayor de 65 años un bono gubernamental recién impreso; entonces, la generación mayor de 65 años se hará más rica, y todos los de menos de 65 serán más pobres (obvio).

Pero eso no es lo que la gente quiere decir cuando habla de la carga de la deuda sobre las generaciones futuras; lo que realmente quiere decir es que Estados Unidos, en general, será más pobre, de la misma forma en que una familia que acumula deuda es más pobre después. ¿Tiene sentido?

Bueno, hagamos un experimento serio que, al menos inicialmente, no tiene nada que ver con la deuda. Supongamos que en lugar de regalar bonos a la gente sénior, el Presidente Santorum aprueba una reforma constitucional que requiere que a partir de ahora cada estadounidense cuyo nombre empiece con la letra de la A a la K recibirá 5,000 dólares del gobierno federal, y el dinero saldrá de impuestos adicionales. ¿Esto hace que todo Estados Unidos sea más pobre?

La respuesta obvia es que no, al menos en sentido directo. Simplemente estamos haciendo una transferencia de un grupo (de la L a a la Z) a otro; el ingreso total no ha cambiado. Ahora, se podría argumentar que hay costos indirectos porque elevar los impuestos distorsiona los incentivos. Pero esa es una historia muy distinta.

Bueno, ya se imagina lo que viene: una deuda heredada del pasado en efecto simplemente es una ley que exige que un grupo de personas – la gente que no heredó bonos de sus padres – haga una transferencia a otro grupo, la gente que sí. Tiene efectos distributivos, pero de ninguna forma directa empobrece al país.

Realmente no es complicado y el hecho de que todo mundo de la vida pública lo entiende mal no cambia la lógica.

Extranjeros y la carga de la deuda
Otro experimento serio: supongamos que por algún motivo los chinos y un montón de inversionistas nacionales intercambian activos. Los chinos venden 500,000 millones de notas del Tesoro de Estados Unidos y compran una cantidad similar de, digamos, bonos corporativos, mientras que los inversionistas nacionales hacen lo contrario. ¿Estados Unidos se ha vuelto más rico (o pobre)? Obviamente no – como nación seguimos debiendo la misma cantidad al resto del mundo. Lo que esto nos dice es que cuando intentamos valorar la carga de la deuda o falta de ésta, la tenencia extranjera de la deuda gubernamental realmente no importa. Lo que sí importa es nuestra posición de inversión internacional neta: el valor de los activos en el exterior que pertenecen a todos los residentes nacionales menos el valor de todos los activos nacionales que pertenecen a inversionistas extranjeros. Ahora, esto embona perfectamente con lo que escribió el Sr. DeLong sobre la carga de la deuda: todos coincidiríamos en que los déficits nos empobrecen si desplazan el gasto de inversión – lo que sucedería si la economía estuviera en pleno empleo pero que no sucederá si está profundamente deprimida. Lo único que tenemos que hacer es comprender que la inversión externa neta – compras menos ventas de activos de y a extranjeros – también es una forma de inversión. O para ponerlo un poco más simple: seguro, los déficits presupuestales nos pueden empobrecer como nación si llevan a más déficits comerciales.

Hasta el momento, nada como eso ha sucedido. Vea el gráfico de esta página que muestra el déficit presupuestario de Estados Unidos (todos los niveles de gobierno) y el déficit de cuenta corriente, ambos como porcentaje del producto interno bruto (PIB). Los préstamos del exterior han caído mucho en los últimos años, no aumentado.

Aún así, se podría argumentar que, manteniendo todo lo demás constante, un déficit presupuestal más grande llevaría a un déficit comercial más grande porque expandiría la economía y llevaría a aumentar las importaciones. En este sentido muy limitado se podría describir una historia de carga de déficits. Pero sin lugar a dudas no es lo que tienen en mente los alarmistas de la deuda.

El punto es que aunque la tenencia de activos estadounidenses en manos extranjeras – no sólo deuda gubernamental – es una complicación, la afirmación común de que los déficits significan que estamos vendiendo a los chinos nuestros derechos de nacimiento no tiene nada de sentido.