Analistas

Ataques políticos sobre la imparcialidad

Nate Silver – a quien deberían estar leyendo todos los que estén interesados en las elecciones presidenciales estadounidenses – recientemente escribió en FiveThirtyEight, su blog en The New York Times, que estaba perplejo con el análisis de Intrade, que está dando a Mitt Romney mayor probabilidad de ganar de la que tiene.

Probablemente también debería saber que el Sr. Silver, predeciblemente, está siendo acusado de tergiversar los números deliberadamente – sin lugar a dudas como parte de una gran conspiración que también involucra al Buró de Estadísticas Laborales y al Área 51.

Si es nuevo en esto, en este punto hay dos enfoques básicos para el análisis de la elección. Uno es el estilo de reportero de campaña, lleno de escritos impresionistas sobre quién ganó el ciclo de noticias y quién tiene “inercia” – lo que sea que eso signifique. El otro se basa en encuestas. Y en este punto esto principalmente significa encuestas a nivel estatal: hay muchos, y tenemos un sistema de colegios electorales, no un sistema de votación popular.

El estilo impresionista se ha centrado en que el Sr. Romney está en auge, narrativa que en gran parte está siendo alimentada por la propia campaña de Romney. Pero las encuestas estatales no lo muestran así.

De hecho, los sondeos estatales dicen que el Presidente Obama ganaría si las elecciones se celebraran ahora, quedándose con Ohio, Wisconsin e Iowa, y posiblemente con Virginia. Florida también es un empate. Tampoco hay ninguna señal de movimiento en dirección al Sr. Romney luego de su gran impulso posterior al primer debate.

Entonces, ¿por qué Intrade se está inclinando hacia el Sr. Romney? Una posibilidad es que los partidarios del Sr. Romney estén intentando manipular los resultados – como lo señala el Sr. Silver, otros mercados y foros de apuestas se muestran menos amigables con Romney. Otra es que la gente de Intrade de hecho se crea el centrifugado.

Independientemente de lo que realmente esté pasando, ahora nos estamos acercando a un enfrentamiento entre estilos de análisis políticos. Por inclinación, por supuesto que confío en los “nerds”. Pero pronto lo veremos.

La guerra sobre la objetividad

El economista Brad DeLong me señaló un ataque reciente contra el Sr. Silver en la National Review, intitulado “Nate Silver’s Flawed Model”, que creo que ilustra un aspecto importante de lo que realmente está pasando en Estados Unidos.

Para los que son nuevos en esto, el Sr. Silver es un estadista deportivo convertido en estadista de política que ha estado manteniendo un modelo que requiere muchos, muchos datos generados por encuestas – la mayoría a nivel estatal, que es donde se decide la presidencia – y los convierte en probabilidades de resultados electorales. Como otros que hacen ejercicios similares, el modelo del Sr. Silver siguió mostrando una ventaja para Obama incluso después del primer debate en Denver, y la ha visto ensancharse durante el último par de semanas.

El modelo podría estar equivocado, obviamente, y lo veremos el día de las elecciones. Pero la metodología ha sido muy clara, y todos los modeladores electorales han respetado sus modelos, dejando que los números caigan donde deben.

No obstante, la derecha – y aquí no estamos hablando de los márgenes, sino de los principales comentaristas y publicaciones – ha estado denunciando “¡sesgo!” Están seguros (apenas ahora) que el Sr. Silver debe estar cocinando los resultados. ¿Cómo lo saben? Bueno, sus resultados son buenos para el Sr. Obama, así que debe ser un tramposo. No importa que el Sr. Silver nos diga exactamente cómo lo hace, y que no haya cambiado la fórmula para nada.

Esto, por supuesto, es reminiscente del ataque contra el Buró de Estadísticas Laborales – sin mencionar los ataques contra la meteorología y mucho más. Aparentemente, en la derecha no existen los cálculos objetivos. Todo debe tener una motivación política.

Esto es realmente espeluznante. Significa que si esta gente triunfa, la ciencia – o cualquier erudición – se volverá imposible. Todo debe pasar una prueba política; si no es lo que la derecha quiere oír, el mensajero es sujeto a una campaña de difamación.