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Analistas 15/05/2021

La agilidad en la gestión universitaria

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Uno de los desafíos más urgentes que han surgido con la llegada de la “nueva normalidad” en el mundo de las Instituciones de Educación Superior (IES) involucra la capacidad de adaptación a los cambios. Hacia mediados de marzo de 2020 y en menos de una semana, muchas de las IES del país tuvieron que encontrar caminos y respuestas ágiles, flexibles, disruptivas y creativas para mantener y fortalecer la relación con sus grupos de interés, pero también para ofrecer sus servicios con calidad y equidad. Sin embargo, no todas alcanzaron la agilidad operativa esperada que les permitieran dar respuestas concretas en la prestación de sus servicios, o estar al nivel de las expectativas de su comunidad educativa. ¿Cuál puede ser la razón o las razones para que ello ocurriera?

La masificación de la educación superior en los últimos años ha llevado a que las arquitecturas y estructuras organizacionales de las IES crecieran de modo significativo. Muchas de ellas se convirtieron en mega estructuras, generando lentas prácticas burocráticas con el riesgo implícito de afectar su sostenibilidad, pero al mismo tiempo volviendo pesados y densos los servicios a los estudiantes y a la comunidad académica en general, lo que deteriora la percepción de calidad y de oportunidad. Las IES deben convertirse en verdaderos campos de innovación, de eficiencia y de eficacia en su operación y en los servicios que presta, para que la experiencia vivida por el estudiante, sea significativa y genere un vínculo afectivo inquebrantable con su alma mater por el valor que esta ha aportado en el desarrollo de su proyecto de vida personal y profesional, pero también debe ser una experiencia grata y trascendente con todos los demás actores con los cuales se relaciona.

Teniendo en cuenta que no siempre la institucionalidad de la educación superior ha sido lo suficientemente ágil para atender los cambios -quizá porque a lo largo de la historia muchos de los modelos que la soportan han permanecido en el tiempo- es necesario ahora dar un viraje para adaptarse mejor a nuevas ideas y actuar con creatividad frente a “la nueva normalidad”, pero de manera concreta, a responder a las necesidades sociales y económicas de la población que, en medio de las incertidumbres, se pregunta por el presente y futuro de sus proyectos, particularmente, los jóvenes.

Adaptarse a los cambios continuos, y enfrentarlos con soluciones efectivas es la ruta que se vislumbra para las IES. En este sentido, un camino de transformación que integre todos los factores de la gestión será la clave para el cambio y la concreción de este. Un trabajo horizontal, colaborativo y participativo en perspectiva holística hace posible que pasemos a estructuras o arquitecturas organizacionales (aunque no exista una estructura perfecta) menos jerárquicas, sin perder la claridad del gobierno y la gobernanza, y también menos rígidas, para alcanzar los propósitos establecidos en la misión, cumpliendo su promesa de valor, y entregado a la sociedad una gestión profunda y pertinente del conocimiento. Las necesidades de los más vulnerables no dan espera, y de los nuevos vulnerables tampoco, por lo que las IES están llamadas a colaborar para que haya un aporte significativo en esta realidad de hoy. Los resultados deben ser mucho más evidentes en su progresividad y funcionalidad.

La cultura organizacional proviene o resulta del talento humano de la IES. Por tanto, es necesario que todos los miembros de la comunidad académica (profesores y colaboradores de la gestión administrativa) generen una cultura de mayor responsabilidad en cuanto a que todos tienen el compromiso ético de un desempeño óptimo que sume al propósito misional, con transparencia real, y una toma ágil y oportuna de decisiones y de ejecución de acciones. Los resultados se obtienen en la medida en que el compromiso de la comunidad académica es compartido, y responde a las nuevas maneras de hacer gestión. Es aquí donde el compromiso de liderar se hace ineludible: un liderazgo que motive a un trabajo más solidario, que ayude a que todos los colaboradores se involucren, que haya un verdadero sentido de pertenencia para alcanzar los resultados y el impacto que se espera.