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La universidad, nexo entre innovación y sociedad

Se ha puesto de moda decir que muchas universidades están en decadencia y  perdiendo el rumbo del futuro porque no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, mirado en perspectiva, nuestras universidades latinoamericanas y colombianas sí poseen aún un amplio espacio por el que moverse y por el que progresar. Sin duda que la academia debe aún encontrar su nicho y posición en ese mundo nuevo que está surgiendo. Concretamente, lejos de encerrarse en un entorno especulativo, tiene que servir de hilo conductor, nexo de unión, entre las ciencias, incluidas las humanidades (que tienen un rol decisivo) y la sociedad.

En ese hilo conductor la universidad canaliza hacia la sociedad la innovación, la creatividad, el emprendimiento y la prospectiva, que hallan en la academia un ámbito ideal en el que surgir. Desde allí, finalmente desembocan en la sociedad para su mejora y enriquecimiento. En ese sentido, algunas universidades colombianas están cumpliendo desde hace tiempo un papel muy importante como foros que albergan y estimulan creatividad e innovación para luego revertirla a la sociedad.

Es el caso de la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla, que se ha transformado en ejemplo paradigmático de lo que tiene que ser la universidad del futuro: hace dos años allí surgió el Centro de Innovación y Emprendimiento para apoyar a los jóvenes innovadores en la aplicación práctica de sus ideas hasta convertirlas en proyectos viables y apegados a los actuales retos que afronta Colombia. De hecho, varias de esas ideas ya son realidad en forma de empresas exitosas.

Así, por ejemplo, se han desarrollado ideas de negocio de jóvenes barranquilleros que van desde bastones inteligentes para invidentes hasta trajes de baño que cambian de color con la radiación solar. Su rector, Ramsés Vargas, primer responsable de haber modernizado este centro, señala que “impulsar la innovación y el emprendimiento es la mejor respuesta a corto plazo al paro juvenil y a un posconflicto exitoso. Y, a largo, es el vehículo que nos hará un país más desarrollado”. Se trata, además, de proyectos que lejos de ser únicos o producto de un solo y exclusivo emprendimiento personal, tienen importantes vínculos sociales y regionales. Su centro de emprendimiento ha traspasado la frontera académica y ha bajado a la realidad. La Universidad de Barranquilla acaba de ganar una convocatoria para asesorar sistemas de innovación en empresas del departamento del Atlántico junto con la consultora Idom.

Iniciativas como estas ofrecen pistas sobre cuál es el modelo a seguir para ser más productivos y competitivos, algo vital en un mundo globalizado e interdependiente. En primer lugar, resulta imperativo crear en Colombia una cultura de la innovación y el emprendimiento, apoyada por sólidas políticas públicas. En ese sentido Colciencias, como órgano rector del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, acaba de reconocer el esfuerzo de los grupos e investigadores de la Universidad Autónoma del Caribe.

En segundo lugar, la investigación y el emprendimiento deben salir de las aulas, los laboratorios y las tesis para arraigar la innovación en las sociedades. Empresas más dinámicas y flexibles deben estar más cerca e interconectadas con la academia, la cual debe formar a los estudiantes y a la vez despertar en ellos su curiosidad y apoyarlos en el proceso de innovación. Este proceso tiene que estar abrigado por las políticas públicas del Gobierno, encargado de generar un ambiente propicio para la ciencia y la tecnología y de incentivar tributariamente a los inversionistas que arriesgan su capital en beneficio de jóvenes innovadores. En definitiva, las partidas públicas en educación no representan un gasto sino una inversión. 

Solo así la universidad podrá en el futuro seguir teniendo un rol relevante, manteniendo vivo y activo el hilo conductor entre la ciencia y la sociedad. Para beneficio de todos. Y con el esfuerzo de todos.