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La Alianza del Pacífico, una cumbre diferente

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Esta semana empieza en Puerto Vallarta la nueva Cumbre de la Alianza del Pacífico. Un encuentro diferente, entre otras cosas por que los cuatro países han cambiado de líder desde la última cumbre.

Precisamente los únicos que van a asistir y que han estado en las anteriores ocasiones son los dos presidentes que por así decirlo, tienen ya fecha de caducidad, tanto en Colombia cómo en México, porque las urnas han arrojado ya nuevos presidentes electos que todavía no han tomado posesión.

Este año ha sido sin duda el año de las elecciones en América Latina, más de tres cuartas partes de la población ha elegido o elegirá nuevo presidente.

Esto ha llevado por ejemplo a que otro de los países que tiene costa Atlántica este año asista como país invitado. Escribo esta columna desde Ecuador, donde contra todo pronóstico la elección del presidente Lenín Moreno ha supuesto un giro al optimismo en el mundo empresarial, volviendo a la senda del respeto a la iniciativa privada y a crear un marco de confianza.

Desde Ecuador, y desde la oportunidad que tengo de visitar a los países de la franja pacífica de América, creo que una de las grandes oportunidades de la Alianza es el Mila. Precisamente en Ecuador he tenido la oportunidad de presentar mi nuevo libro, La Esencia de la Empresa Familiar, Valores y Comunicación.

Espero tener la oportunidad de visitar en el último trimestre Bogotá, para poder compartir las maravillosas experiencias y aprendizajes gracias a que generosamente las mayores empresas familiares han compartido sus experiencias en este libro. Isabelita Noboa, en Ecuador, y Luis Carlos Sarmiento, Jaime Gilinski, Miguel Cortés y Gustavo Adolfo Carvajal en Colombia.

Tenemos grandes casos de éxito en el mundo de las empresas familiares. Han conseguido construir grandes empresas y asumir el reto de la globalización.
Pero para muchas otras empresas familiares una mercado bursátil potente y asentado, y una mayor cultura de salir a bolsa serían un gran aliado para dos de los grandes retos que asumen muchas de estas compañías: por un lado crecer y ser globales, y por otro poder dar salida a los miembros de la familia que quieren desengancharse del proyecto.

Ser miembro de una empresa familiar debe ser un motivo de orgullo, no puede ser un castigo. Muchas de las empresas que han sobrevivido 100 años, manteniendo un núcleo duro familiar han tenido lo que se denomina procesos de “poda” esto es, que unas ramas de la familia abandonan el barco y este ejercicio de libertad, no solo no debilita la empresa, si no que la fortalece.

Con el tamaño actual de algunas de las empresas familiares, este proceso, de poder dar salida a una parte, puede tener un coste tan elevado que a veces supone la necesidad de venderla. La bolsa supone una gran alternativa para permitir dar entrada y salida de una forma sencilla y no dolorosa, el precio está claro, el proceso es transparente.

Además permite las ampliaciones de capital para crecer más rápidamente y hacer frente a los procesos de globalización, transformación tecnológica y digital. La disrupción supone una oportunidad, que hay que financiar.
Esperemos que esta cumbre suponga un salto cualitativo en el desarrollo del Mila y que se puedan sumar en el futuro nuevos mercados, que van por la buena senda, como el de Ecuador.

que a esto se sume la visión que hace una semana tuve la oportunidad de escuchar en un desayuno en Madrid con el presidente electo de Colombia, Iván Duque, quien detalló que sus planes pasan por facilitar la vida al sector privado y a los emprendedores en términos impositivos y burocráticos para impulsar el empleo formal.

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