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Iniciativas que cambian realidades

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Estas Navidades, la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura ha llevado a cabo una gira por España. Es una orquesta que a lo largo de su historia ha cosechado diversos éxitos y en Colombia han sido teloneros de Metallica. Esta iniciativa social recibe el apoyo de organizaciones como Ecoembes, una sociedad de reciclaje, similar a Compromiso Empresarial para el Reciclaje (Cempre), que ha puesto en marcha una orquesta similar a Cateura.

La Orquesta de Cateura surgió en Asunción, Paraguay. Con este proyecto, los jóvenes chicos utilizan materiales reciclados para diseñar instrumentos y tocar música. El objetivo de Ecoembes, como el de Cateura, es concienciar a la sociedad de la importancia del reciclaje y educar a los jóvenes en un sistema de valores que favorezca su superación personal. La orquesta es así una herramienta que les permite ser protagonistas de su futuro, incluso él de sus familias, y transformar su realidad. “No tener nada, no es excusa para no hacer nada”, afirma Favio Chavez, director de la Orquesta.

Iniciativas sociales de este tipo tienen un alto impacto social, porque apelan directamente a nuestras emociones, nuestra sensibilidad social, y por ello no pasan desapercibidas. Algunos creen que es sólo un instrumento de marketing o pura filantropía. No estoy de acuerdo. Es también un instrumento de buena gestión empresarial. Las empresas que implementan la Responsabilidad Social (RSE) registran  un impacto positivo en la gestión de nuestros colaboradores, gestión de la reputación y la innovación. E impacta en la sociedad, porque  permite alinear los valores de nuestra organización con los del conjunto de la sociedad,   ‘humaniza’ nuestra empresa.

La gestión empresarial debe desarrollar iniciativas que ayuden a cambiar realidades y la RSE es la mejor herramienta. Con la RSE decimos al resto de la sociedad que nuestro objetivo no es sólo mercantilista, sino devolver una parte de lo que recibimos. Transmite un mensaje que llega tanto a nuestros públicos externos (usuarios, consumidores, clientes, etc.) como a los públicos internos: colaboradores, empleados…

Para mí no se trata sólo de una gestión empresarial, sino de mi propia visión. Las personas, como las empresas, estamos en esta vida para hacer algo más que sólo pasar por ella. Debemos intentar cambiar la realidad, mejorarla, y ello sólo es posible sumando en positivo, aunando esfuerzos.

Las acciones que cambian el mundo las ejecutan muchas personas, pero las lideran personas con visión de futuro. Los empresarios lideramos la estrategia de RSE de nuestras empresas. Debemos promover una gestión integrada de la RSE que incluya también la aplicación del código ético y Buen Gobierno Corporativo en todos los ámbitos: finanzas, comercial, recursos humanos, entre otros.

Por otra parte, la RSE debe estar alineada con el resto de la sociedad, debemos responder a lo que los demás esperan de nosotros. Para ello, debemos situarnos a pie de calle, ‘escuchar’ las necesidades de la sociedad y plantear las soluciones. No siempre es fácil. La labor de ‘escucha’ no nos compete sólo a nosotros, sino al conjunto de nuestros colaboradores.

Somos imperfectos. Tenemos el tiempo limitado y son muchos y muy distintos los retos que afrontamos. Necesitamos fomentar el co-liderazgo, hacer aflorar a los líderes de nuestra organización y hacerlos corresponsables de nuestras acciones. De esta forma, las acciones de RSE fluirán tanto vertical como horizontalmente y se idearán y ejecutarán en forma de red, como si de un gran mapa neurológico se tratara. Sus efectos se multiplicarán y expandirán con una gran ola.

Será un efecto beneficioso. Las organizaciones que promueven el voluntariado social e integran la RSE generan ‘engagement’ dentro de la organización, fortalecen su marca y mejoran márgenes. Ésta es la mejor vía para competir en un mundo crecientemente globalizado y competitivo.

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