Analistas 09/11/2020

Crisis global, solución multilateral

El horizonte que tenemos por delante hace necesario conjurar los riesgos sociales y económicos asociados a la actual crisis. Hay que evitar un colapso institucional, financiero y económico de imprevisibles consecuencias. Un contexto que exige una actitud constructiva, como la que compartimos en el último evento del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi).

Desde ese enfoque, recientemente, la secretaria general Iberoamericana, Rebeca Grynspan, y la ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya, nos aportaron ideas para trazar una hoja de ruta que pasa por el desafío de que todas las políticas de recuperación económica sean, además, una palanca de cambio de transformación social y fortalecimiento de las instituciones democráticas. Más que nunca, la iniciativa pública y privada debe ir de la mano.

El punto de partida es complejo: sin la confianza de ciudadanos y empresas en el futuro de su propio país es imposible estimular la actividad económica. Solucionarlo exige actuar multilateralmente. Latinoamérica no saldrá sola de una crisis que ha puesto de manifiesto la falta de un modelo de gobernanza global.

Una vía es fomentar un acercamiento entre Iberoamérica y Europa para ganar peso a la hora de definir las reglas del juego del mundo del futuro y evitar, por ejemplo, que ambas zonas se conviertan en el campo de batalla donde EE.UU. y China libren sus tensiones. Los preparativos de la Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Andorra en abril de 2021, son oportunidad para trabajar para que Europa haga suya una agenda que active la recuperación de Iberoamérica a través de cinco ejes.

En primer lugar, un eje financiero que aporte un paraguas de inversión colectiva que genere crecimiento económico. Hay margen para que instituciones como el FMI, el BM o el G-20 miren a Latinoamérica y propongan iniciativas como crear líneas de financiación específicas que faciliten a los países iberoamericanos acceder a recursos en mejores condiciones que el libre mercado, pero sin que sea necesario intervenir sus economías.

El segundo eje es acelerar una descarbonización de los modelos productivos que, además de combatir el cambio climático global, fortalezca la competitividad de toda la región, que cuenta con empresas punteras en este ámbito. El tercero es la digitalización, enfocada como una oportunidad para hacer crecer la economía formal, reforzar la educación y mejorar el funcionamiento de las Administraciones y servicios públicos.

El cuarto, fortalecer la cohesión empresarial, evitando una recuperación a dos velocidades. Que países y sociedades avancen al mismo ritmo exige que también lo hagan sus empresas. Por eso hay que apoyarlas, especialmente a las Pyme, que son 99% del tejido productivo, fomentando su internacionalización, tanto en los países más próximos como en todo el mundo, especialmente en la UE, gracias a los acuerdos suscritos con Mercosur, México o Chile.

El quinto y último eje es la igualdad, entendida en un sentido amplio. Impulsar la igualdad retributiva entre hombres y mujeres, en el uso de las tecnologías o en el acceso a la financiación son factores que potencian la competitividad y acaban generando retorno económico.

En conclusión, en circunstancias difíciles tenemos que ser ambiciosos: construir proyectos comunes y co-crear soluciones entre países y regiones, entre lo público y lo privado. Como insistió la ministra española de Exteriores, “no es momento ni para el pesimismo ni para optimismo. Es el momento del activismo”.