Analistas 04/11/2020

Los desafíos laborales y reajuste del salario mínimo para 2021

El deterioro del mercado laboral ha sido la principal fuente de preocupación macroeconómica en coyuntura de pandemia, agravando lastres estructurales de elevado desempleo de largo plazo y precarios niveles de formalidad. En el primer caso, la tasa de desempleo probablemente se deteriorará hacia promedios anuales del 16-17% en 2020 (vs. el ya elevado 10,5% de 2019), a pesar del relativo menor ritmo de deterioro de cifras de septiembre.

En el segundo caso, se tienen niveles de informalidad rondando 55% al considerar el indicador de cotizantes a seguridad social (Pila) como proporción de la Población Económicamente Activa.

Antes de entrar en cualquier discusión sobre informalidad, cabe aclarar las razones de la válida preocupación que emana de dichas cifras (muchas de ellas de perogrullo, pero que logran encauzar la discusión a prueba de argumentos simplistas-populistas).

El mencionado drama social se deriva de que esa población mayoritaria de trabajadores colombianos no solo generalmente gana menos de un salario mínimo (SML)… sino que no tiene ningún beneficio de aportes a seguridad social y, mucho menos, primas, vacaciones, cesantías (incluyendo intereses) o Cofamiliares.

La Comisión Tripartita (gobierno, empresarios y sindicatos), que pronto abordará discusiones para el reajuste del SML para 2021, tiene el doble desafío de reactivar la generación de empleo formal y alinear el poder adquisitivo de los trabajadores con sus ganancias en productividad.

Recordemos cómo el exagerado incremento del SML, de una parte, y el colapso de la Productividad Laboral (PL), de otra parte, han ocasionado un descenso de la relación Salario Medio/SML de 1,8 hacia 1,4 en las dos últimas décadas. En cambio, en Estados Unidos se observa un movimiento contrario de “premio” a la PL a través de un incremento de dicha relación desde 1,8 hacia 2,8.

En términos técnicos, lo recomendable es ceñir el reajuste del SML para 2021 a la llamada “Regla Universal” (Variación % SML = Inflación +/- PL). El Dane ha hecho un excelente esfuerzo en la medición de las cifras de productividad (marzo-2020), revelando que dicha PL venía expandiéndose a ritmos promedio de apenas 0,2-0,3% anual durante el último quinquenio, muy inferior a 1% anual de estimaciones que veníamos manejando.

Nótese cómo ello magnifica el error cometido al entregar un “premium político” a dicho SLM durante los últimos años, agravando tendencia de incremento en el desempleo observada desde 2015-2016. Para 2020, estimaciones preliminares sugieren aumentos del 0,5-1% en la PL (pendiente cifras definitivas-Dane). En esta ocasión debe evitarse la simple aproximación de “diferencia en crecimiento PIB vs. ocupados”, pues el colapso del empleo estaría dado una falsa señal de repunte de PL.

En el frente inflacionario, la sustracción de materia de colapso en la demanda agregada probablemente llevará a cifras del orden del 1,8-1,9% al cierre de 2020, con una moderada convergencia inflacionaria hacia el rango 2,5%-3% en 2021. Todo ello sugiere que el incremento del SML para el año 2021 debería rondar el rango 3,5-4,5%, con sesgos bajistas de considerarse la PL cuasi-nula en su tendencia quinquenal.

Esta moderación en reajuste-SML respecto de años anteriores debería ayudar también a recuperar la Productividad Total de los Factores-PTF (habiéndose observado contracciones del -0,5% anual durante el último quinquenio).

No luce prudente rebasar dicha regla bajo la errada premisa de basar recuperación pos-pandemia “incrementando dinero en bolsillo de los hogares” (según argumentos sindicales). Ello desconoce el drenaje de la masa salarial agregada derivada de tres agravantes: i) peores perspectivas de reenganche de desempleados; ii) condenar a la informalidad a trabajadores vulnerables (según lo comentado); y iii) mayor destrucción de puestos de trabajo, dada la aún precaria reactivación económica.

Dicho de otra manera, tenemos un serio problema de opinión pública en la “graduación-construcción” de escenarios contrafactuales. No existe un escenario de “Alicia en el país de las maravillas” con desmedidos incrementos en el SML sin costos en empleo-formalidad en plena pandemia. Lo primero que hay que hacer en el frente laboral es no agravar las cosas (dejar de cavar el hueco).

Virus tendrá cicatrices estructurales en varios sectores económicos, derivando en complicaciones en la compleja “re-locación” de capital humano. Ello implica que tenue recuperación a ritmos de 3,5%-potencial durante el próximo quinquenio resulta insuficiente para compensar las rigideces estructurales del mercado laboral.

Se deberá complementar el repunte cíclico con flexibilizaciones del mercado laboral, iniciando con: i) ahondar en desmonte de parafiscalidad, eliminando 4% de sobrecosto empresarial de Cofamiliares, siguiendo recomendaciones-Ocde de 2015-2016 (ganancias de eventual cotización por horas serían limitadas de persistir sobre-costos no salariales del 50%); y ii) tema de la presente nota de atar SML a la regla universal.

Mucho ayudaría el expediente de un SML concertado en la mesa tripartita como señal de “dialogo social” de cara a las espinosas discusiones que vienen en frentes tributarios-laborales en coyuntura pos-pandemia y electoral de 2021-22.