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2019: ¿año de recuperación?

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Miguel Ricaurte Economista Jefe de Itaú para la Región Andina

El año 2018 estuvo marcado por el mayor crecimiento global desde la crisis financiera internacional, pero también por elevada incertidumbre dados eventos como la disputa comercial entre China y EE.UU. y un calendario electoral intenso. Muchos países mejoraron su crecimiento, pero el último trimestre dejó dudas sobre el desempeño de la región en 2019. En este contexto debemos evaluar las perspectivas de Colombia en 2019.

Tomemos como punto de partida a la principal economía de la región. Brasil creció 1,1% en 2018, igual que en 2017, pero con el mejor desempeño de la inversión en cinco años. Tras dos años de contracción de la economía (-3,5% en 2015 y -3,3% en 2016), esta recuperación parece tímida. Sin embargo, las perspectivas son positivas dado el optimismo en torno a la discusión de reformas estructurales (especialmente la reforma pensional) y la consecuente mejora en condiciones financieras. De todos modos, nuestra expectativa de crecimiento de 2% en 2019 tiene un sesgo bajista a la luz de los primeros datos conocidos del año.

Perú y Chile también mostraron mejor desempeño, ambos expandiéndose 4% en 2018. Ayudó el importante repunte de los precios sus principales exportaciones (metales industriales), pero también el haber superado la incertidumbre política doméstica temprano en el año. Perú tuvo un cambio de gobierno a comienzos de 2018 y el entrante gobernante (quien fuera electo vicepresidente del renunciado presidente PKK) vio su gestión validada a lo largo del año. Por su parte, el ciclo presidencial de cuatro años de Chile culminó con la llegada al poder hace un año de un nuevo gobierno, dándole al país certidumbre política durante el grueso del año. En Chile también ayudó una base de comparación favorable (crecimiento de tan solo 1,5% en 2017). En 2019, esperamos crecimientos de 4% para Perú y 3,2% para Chile, y en ambos casos el principal riesgo es que no se resuelva la disputa comercial entre China y EE.UU.

Por su parte, el desempeño de México en 2018 fue solo modesto (crecimiento de 2%, el menor desde 2013) afectado por las medidas proteccionistas adoptadas por EE.UU. (su principal socio comercial) y la incertidumbre política que viene de una elección presidencial. Las dudas respecto de la dirección política que está tomando la nueva administración y la falta de aprobación del nuevo TLC de Norteamérica están afectando las perspectivas para la inversión y llevan a proyectar una desaceleración del crecimiento este año (a 1,7%, con un sesgo bajista).

Finalmente, Argentina se encuentra en una dinámica de ajuste distinta, con la economía terminando 2018 con una contracción de 2,6%, el peor desempeño en más de cinco años. La estrategia de ajuste gradual que había adoptado el gobierno en un entorno de creciente aversión al riesgo decantó en un deterioro económico que demandó ayuda financiera del FMI para evitar una crisis aún mayor. Los ajustes fiscales requeridos, la elevada inflación y el deterioro en expectativas han limitado la capacidad de crecimiento, tal que la economía volvería a contraerse este año (que además es electoral).

En 2019 se hace palpable que factores idiosincráticos marcarán diferencias en el desempeño de las economías de la región. En Colombia, el crecimiento seguiría acelerándose (proyectamos 3,3%) tras tres años débiles. Pero esta mejoría no está garantizada pues la incertidumbre global y el menor crecimiento de los principales socios comerciales (elementos comunes para la región), así como factores de riesgo domésticos, pueden aguar la recuperación esperada.

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