Analistas 15/05/2020

Cómo ayudan las ciudades inteligentes

En un escenario de pandemia, ahora el Covid-19, mañana otra, es fundamental mantener la distancia social. Hasta encontrar una de una medicina o vacuna eficaz, la higiene y el distanciamiento social son armas fundamentales de combate a la pandemia.

El distanciamiento y el aislamiento social reducen el contacto entre personas frenando la velocidad de propagación. Es una estadística sencilla pero igualmente muy poderosa. Algunos días de antelación en las medidas de aislamiento pueden resultar en 10 o 100 veces menos contagios. Es lo que se conoce como el aplanamiento de la curva.

El mundo prácticamente se detuvo con el Covid-19, pero es una opinión generalizada entre expertos que otras pandemias podrán surgir en un futuro cercano. De hecho, la actual pandemia es apenas una más en los últimos 20 años. Padecimos la H1N1 y el SARS, entre otras. Pandemias que surgen en explotaciones ganaderas son infortunadamente frecuentes, así que, es una cuestión de tiempo hasta que asistamos a una nueva crisis semejante, toda vez que el moderno modus vivendi lo potencia.

Si, por una parte, la deforestación y destrucción de hábitats naturales nos pone en contacto con más virus (es sabido que varias son las especies silvestres que constituyen un reservorio natural de virus – gripa, ébola, HIV, coronavirus entre otros -, por otra parte, la “aldea global” donde son contantes los viajes entre países y continentes se encarga de propagar rápidamente las enfermedades. O sea, tenemos cada vez más contacto con nuevos agentes patógenos y nunca hemos sido tan propensos a distribuirlos rápidamente por todo el planeta. Una receta para crear problemas.

Por ello, el tema no termina con el Covid-19. Esta fue apenas la primera batalla y otras vendrán. Entonces surge así la cuestión, ¿qué armas debe desarrollar la humanidad para prevenir y combatir las pandemias? ¿Qué clase de tecnologías podemos implementar en las ciudades para controlar estas situaciones?

El World Economic Forum1 publicó recientemente un estudio sobre el tema. Basado en un artículo de la Universidad de Newcastle en Inglaterra, se analizó como varias tecnologías IoT (Internet de las Cosas) para ciudades inteligentes pueden ayudar a controlar el movimiento de las personas en una ciudad. Entre los muchos datos tomados y analizados, se monitorearon los flujos en circuitos peatonales y de los usuarios en transportes públicos. El estudio reveló que fue posible verificar una disminución significativa como resultado del aislamiento social.

Sin embargo, debemos ambicionar ir más allá. Más que constatar lo obvio y verificar que el flujo disminuyó, debemos ser capaces de detectar las zonas y áreas donde el distanciamiento social no es respectado a partir del análisis de densidad, y desde ahí, disuadir los comportamientos de riesgo.

Actualmente, ya existen varias tecnologías disponibles para analizar y hacer disponible esa información. Desde aplicaciones instaladas en smartphones, acceso a los datos de las antenas de los operadores móviles y cámaras de videovigilancia, entre otras. Sin embargo, hay algunos aspectos importantes a tener en cuenta.

La garantía a la privacidad es uno de ellos. Ya se escuchan voces solicitando aflojar en ese derecho, defendiendo la monitorización de la geolocalización de las personas a través de los sistemas operativos de los celulares. ¿A pesar de las buenas intenciones subyacentes a este tipo de medidas, es este el camino que queremos? ¿Podemos confiar en que las empresas y los gobiernos mantendrán voluntariamente el anonimato de nuestros datos personales?

Otro aspecto a tener en consideración es la omnipresencia de cualquier solución para ciudades. Para ello, es fundamental que una solución sea de bajo costo, fácilmente masificable para que rápidamente tenga una amplia cobertura y llegue, no solo al casco urbano y zonas turísticas, sino que se despliegue por todo municipio.

Es justo ahí que el IoT puede entrar, con soluciones económicas, anónimas y escalables. La iluminación pública, por ejemplo, podría funcionar como plataforma ideal para el despliegue de esta clase de soluciones. Por un lado, cubre toda la malla urbana y, por otro lado, está no solo estratégicamente ubicada a varios metros de altura, sino que tiene acceso permanente a la energía.

De esta forma, en cada punto de iluminación pública de una ciudad, se pueden fácilmente medir los flujos y el número de personas alrededor y así detectar las aglomeraciones y violaciones a las medidas de distanciamiento social de una manera muy precisa y automáticamente generar alertas locales a través de señales sonoras y/o luminosas e igualmente, notificar a las autoridades competentes y fuerzas de seguridad en tiempo real.

Habrá seguramente otras formas de abordaje al tema, pero una solución basada en la infraestructura de alumbrado público de una ciudad es un arma muy poderosa, económica y anónima en el combate contra las pandemias y se ve muy fácil de implantar y rápida para desplegar.