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Analistas 03/08/2026

Y mientras tanto, gobernar la esperanza

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

Y mientras llega el 7 de agosto, lo que vemos no es solo entusiasmo. Es la liberación de frustraciones acumuladas y de una necesidad contenida de acción y resultados. Se abrió una compuerta de propuestas, diagnósticos y pendientes. Hay interés en ayudar, pero también distintas expectativas de “milagro”. El primer reto será gobernar esa esperanza: darle significado, prioridades y cauce. Porque quizá el verdadero cambio no sea extraordinario, sino que lo básico deje de serlo.

En medio de esa avalancha empieza a dibujarse un orden. El gobierno entrante ha priorizado la seguridad, la recuperación del control territorial y las regiones como escenario de ejecución. La ruta busca, y debe, pasar del anuncio a la obra, entendiendo que habrá avances, no atajos; resultados, no soluciones instantáneas.

Esa priorización redefine la forma de acompañar. El desafío no es sumar agendas, sino organizar conocimiento, inversión y experiencia alrededor de las prioridades del país, para que lo esencial ocurra primero y bien.

Entonces, ¿qué sería una Patria Milagro? No hay una sola respuesta. Para una madre puede ser recibir a tiempo el medicamento de su hijo; para un comerciante, dejar de vivir bajo la extorsión; para un joven, encontrar su primer empleo formal; para una región, que la carretera deje de ser un render. Tal vez el verdadero prodigio sea que lo básico deje de parecernos extraordinario y empecemos a exigirlo como lo normal.

Hay vientos a favor. El programa económico favorece la inversión y la reducción de trabas. Tras la segunda vuelta, el CDS a cinco años bajó de 152,97 a 139,16 puntos básicos. Estados Unidos ha ofrecido cooperación en seguridad y economía, y CAF anunció US$9.000 millones para energía, infraestructura e inclusión social. En varios gobiernos del hemisferio, la seguridad y la lucha contra el crimen transnacional han vuelto al centro de la conversación.

Son señales favorables, no resultados anticipados. La cooperación abre puertas, pero no reemplaza la capacidad de ejecutar. Los buenos vientos ayudan a zarpar; no conducen por sí solos el barco.

Ese es el cambio de método que necesitamos. Gobierno y sector privado deben reconstruir esperanza y confianza con hechos: atraer inversión, convertir proyectos en obras, hacer viables más empresas y crear empleo formal.

No habrá una sola hazaña capaz de responder a la idea de milagro de cada colombiano. Sí puede haber un propósito común: construir un país más seguro, justo y próspero, en el que todos quepamos. Ese cambio no depende únicamente del gobierno. El 7 de agosto se abre la compuerta; el desafío será que la esperanza no se desborde, sino que encuentre cauce en el esfuerzo de todos. De eso dependerá que fortalezcamos nuestra democracia y que las decisiones que tomemos hoy se reflejen en la continuidad de un rumbo de estabilidad, evitando retrocesos que ya han mostrado sus costos, y asegurando que las próximas elecciones locales y nacionales consoliden un país con más oportunidades y futuro para las próximas generaciones.

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