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Como una herramienta para la recuperación económica de Europa después de la segunda guerra, los Estados Unidos adelantaron lo que se llamó el Plan Marshall, en homenaje a George Marshall, quien lo estructuró. Este programa demandó una inversión de US$1.400 millones de la época (US$17.500 millones de hoy) y dotó de materia prima, maquinaria y, en general, elementos para una recuperación industrial.
Esto permitió a los europeos, principalmente Alemania, convertirse en un centro manufacturero muy importante y está asociado a lo que se llamó el “milagro alemán”, que fue el resurgimiento económico de este país. Fue un plan sostenible en el cual los países pudieron despegar gracias a la ayuda inicial.
Ahora el gobierno de la “patria milagro” propone para el Chocó un programa semejante con la esperanza de que esta región pobre y olvidada pueda disminuir la brecha que la separa de las zonas más prósperas de Colombia. El detonante para este programa fue sin lugar a dudas el terremoto que azotó esa parte del país, ya que el gobierno se propuso un programa para todas las zonas afectadas por el sismo, pero además se quiere transformar la economía del Chocó con cuantiosas inversiones.
Primero, por el origen mismo de la iniciativa, está la reconstrucción de los inmuebles afectados, que suman más de 32.000 entre totalmente destruidos y afectados. En este subprograma se introduce la ayuda de las empresas privadas, de tal manera que no descansa sobre los hombros del gobierno solamente la responsabilidad de esta reconstrucción, sino que empresas de materiales de construcción se comprometieron a aportar insumos.
Otro gran rubro del programa es la infraestructura para la recuperación económica en la forma de vías que conecten la región con el resto del país, aeropuertos, dotación de infraestructura energética y turística, y el viejo sueño de una conexión interoceánica que comunique el Caribe con el Pacífico mediante un tren. La promesa es una inversión de $1 billón que tendrá que salir del presupuesto nacional y nuevamente de aportes del sector privado mediante la fórmula de impuestos por obras.
A este rubro se suman $5.000 millones para capital semilla de 1.000 emprendedores, becas para un número de estudiantes y un régimen fiscal especial que incentive a empresas que se localicen en el Chocó.
Todo esto suena muy bonito en el papel y falta que se materialice, que el ministro de Hacienda procure los fondos necesarios en medio de la escasez económica y que el sector privado decida adelantar las obras por impuestos y beneficiarse de las ventajas fiscales de un régimen especial que se implementaría. Esto va a requerir un esfuerzo muy grande y tendrán que verse resultados en materia de empleo e inversión en el corto plazo, en la medida en que esta primera fase requiere mano de obra no calificada.
El programa carece, sin embargo, de dos ingredientes fundamentales. Primero está el sistema educativo, ya que si no hay mano de obra preparada para trabajar en áreas que transformen la región, no existe la posibilidad de que venga inversión sin importar los incentivos tributarios. Lo segundo tiene que ver con cómo el Estado puede neutralizar una clase política que ha mostrado signos de corrupción en el pasado y ha dilapidado los pocos recursos que llegan allá.
Sin transparencia y gente capacitada no hay sostenibilidad para una recuperación integral del Chocó. Desde luego, esto toma tiempo, pero para esta región olvidada este debe ser un compromiso de Estado que trascienda el cuatrienio actual.
Los países que florezcan en la próxima década no serán los que instalen primero la tecnología, sino los que hayan conservado un criterio para preguntarle a cada innovación qué impacto positivo tiene en la gente
El enfoque de la educación en los nuevos tiempos tendrá que adaptarse a las exigencias de la IA para fomentar aún más el criterio y el razonamiento lógico, pero nunca dejando de lado el aprendizaje de lo básico de la forma tradicional