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Turismo, libertad y orden

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María Claudia Lacouture Exministra de Comercio

Al comienzo de la Nueva Granada, una vez ganadas las batallas decisivas para la Independencia, los granadinos advirtieron que la libertad estaba llevando al caos y se necesitaba del orden que imponían los españoles para garantizar la gobernabilidad. De allí surgió el lema “Libertad y Orden” del escudo nacional.
Recordé esta referencia histórica cuando revisaba documentos sobre el ordenamiento territorial, su incidencia en el turismo, su dispersión, descoordinación, desconocimiento, impracticabilidad o su simple ausencia, justo en un país que ha estado levantado en armas por los conflictos de tierra.
Tenemos los instrumentos para organizar el territorio y el uso del suelo, pero no un mecanismo que lo garantice, debido a la potestad de las autoridades locales a implementarlo o no. Hoy, 853 municipios carecen de POT actualizado, por lo que, seguimos con marcos referenciales de libre aplicación e interpretación, sujetos a caprichos políticos o a intereses de particulares y expuestos a la corrupción.

Dentro del Plan Nacional de Desarrollo el turismo es un determinante de los POT y con gran satisfacción escuché decir al ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, que su cartera está comprometida a cumplir con esta obligación y a promoverla. Es una herramienta preventiva que contribuye a disminuir el desequilibrio territorial, los riesgos ambientales, la mezcla desordenada de usos y conflictos entre actividades y sectores, el déficit de infraestructura y fomenta la coordinación entre administraciones públicas con competencias en un mismo territorio.

Tenemos que hacer una evaluación del territorio para determinar el turismo que queremos, proteger los ecosistemas frágiles, crear condiciones para disfrutar de los parques de manera responsable y sostenible, contribuir al desarrollo de las poblaciones locales y salvaguardar los territorios de los males peores como la desforestación, la minería ilegal o los cultivos ilícitos.
Además determinar que el uso del suelo en las zonas urbanas sea el adecuado, que no genere fricciones, que respete a las normas, la accesibilidad, la convivencia con hoteles, bares, transporte y movilidad y los servicios que requiera un lugar para soportar una carga normal de visitantes y así evitar lo que sucede en otros países por el éxito del turismo y falta de planeación en su ordenamiento para que los ciudadanos convivan con turistas y las plataformas virtuales con las empresas establecidas.

Se trata de delimitar las zonas, observar los detalles, el paisaje y la armonía, de si en un lugar se puede construir algo de dos, tres, o cuatro pisos; de si se utiliza cemento, madera o guadua, si hay acceso a un determinado servicio o no; dónde se deben hacer vías terciarias, cómo se garantizan los servicios de agua y luz, etc.

Tenemos que romper con el mito de que conservar es prohibir. Hay que conservar y cerrar donde es necesario, pero hay otros lugares donde el trabajo de la comunidad y la presencia de visitantes contribuyen a conservar y proteger.

Un ejemplo es Palomino, en La Guajira, donde el turismo llegó de repente sin las más mínimas condiciones de infraestructura ni servicios adecuados, se ha relajado la seguridad, el ruido, el desorden, alcohol y las drogas son pan de cada día, ni hay un puesto de salud en condiciones. Si Palomino tuviera POT para el turismo sería otra historia. Necesitamos libertad, sí, pero con orden para que todos podamos caber.

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