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Analistas 24/10/2022

Regalías vs. tributaria

María Claudia Lacouture
Exministra de CIT

El Sistema General de Regalías (SGR) para el período 2023-2024 tendrá un monto de $31,3 billones, bastante más de los $23 billones que busca recaudar el Gobierno Nacional en 2023 con la Reforma Tributaria. Resulta un contrasentido perder los beneficios que deja la industria minero-energética y por otro lado socavar los ingresos del sector productivo en momentos en los que, por el contrario, necesita del brazo del Estado para sostenerse, garantizar puestos de trabajo y contribuir a la estabilidad macroeconómica del país. Afortunadamente en los últimos días se han escuchado mensajes menos alarmantes sobre los contratos de exploración petrolera, carbonera y de gas, lo que ayuda a tener algo de tranquilidad en el corto plazo, no obstante, parte del daño ya está hecho con el solo anuncio de suspender los contratos de extracción y enfilarse en contra de la más importante fuente de energía del mundo para sustituirla por otras que están en etapas embrionarias y sin certezas de viabilidad.

Si cruzamos el monto de las regalías con las necesidades del país, la verdad es que no se necesitaría una reforma tributaria. Si las regalías se aprovechasen bien, los gobiernos no tendrían necesidad de inventarse reformas ni imponerle la doble tributación al sector minero-energético, que pasará a ser responsable de 48% del recaudo, con el riesgo de perder competitividad, capacidad de inversión e influencia internacional. Lo esencial es definir cómo logramos que las regalías aporten a las necesidades del país, para que aporten al desarrollo económico y social y no tengamos cada año y medio una reforma tributaria que le cobra más impuestos a los mismos. Lo primero es lograr establecer las prioridades y el impacto, para que cumplan su cometido, no se dispersen o se diluyan por la falta de una planeación estructural.

Las regalías no deben servir apenas para contingencias puntuales, deben resolver necesidades básicas y también aportar en ámbitos como el tecnológico, la innovación, la inclusión productiva o proyectos de gran calado.

Hay que reconocer que hoy el gasto es más transparente, sin embargo, falta conciencia sobre cómo aportar con mayor eficiencia en el desarrollo de las regiones, guiarlas correctamente para que sumen a los grandes propósitos de la nación.

Para progresar es indispensable pensar en las necesidades básicas insatisfechas, como la educación, la salud, la infraestructura vial, la férrea, la tecnológica, agua potable y energía. Los alcaldes y gobernadores, que son parte de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (Ocad) y aprueban las regalías, deberían definir las prioridades de su comunidad y enfocarse en lo importante. Y debe ser un trabajo ordenado, guiado, con metas y seguimiento por parte de Planeación Nacional, con proyectos de impacto, sin gastarlos en asuntos superfluos como sucedió en algún lugar donde se incluyó dentro de los programas de apropiación social de ciencia y tecnología la visita de un grupo de niños al zoológico. Muy bien que los niños vayan al zoológico, pero las regalías deben tener objetivos que contribuyan al desarrollo.

Y más ahora cuando las regalías tienen bajas perspectivas de mantenerse, cuando el mundo se contrae, cuando la guerra en Europa se escala, cuando la inflación crece y el dólar se dispara, no parece apropiado golpear y asfixiar el tejido empresarial privado, sino ser más estratégicos con el gasto y el uso de las regalías.

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