Analistas 17/11/2020

Mujeres hacia la Casa Blanca

El próximo 20 de enero se espera que Estados Unidos tenga su primera vicepresidenta mujer. Ella será la segunda en la fila de la oficina más poderosa del mundo. Su futuro parece promisorio y, si bien algunos le critican por su pensamiento liberal, otros consideran que su sensibilidad social contribuirá a un mundo mejor y le ayudaría a su aspiración a ser el presidente número 47 de ese país. Con una particularidad: hija de una india y un jamaiquino, representa a ese mundo multicultural de la realidad estadounidense de hoy y del futuro.

Las contribuciones que Harris puede traer a esta gran nación se pueden resaltar en múltiples ámbitos. Llega con una comprensión personal de la dinámica de la inmigración que le da una perspectiva única sobre uno de los temas más álgidos en ese país, ha abogado por un camino hacia la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados y por la ley que otorga la posibilidad de obtener la legalidad a estudiantes que hubiesen llegado a EE.UU. siendo menores de edad.

Aunque sus banderas llevan a suponer un giro a la izquierda en una nación tradicionalmente conservadora, su experiencia contribuirá a dirigir grandes problemas, como la reforma de la justicia penal, la protección de los derechos al voto, la reforma del sistema de salud, así como mejorar las oportunidades educativas y económicas para todos. Será un recordatorio permanente para no descuidar a la base olvidada, entre las que se encuentran las minorías decisivas en la elección de Joe Biden.

Después del maremágnum electoral estadounidense, la llegada de Harris complace y suscita optimismo por ser lo que es y lo que representa. Independiente de sus orientaciones políticas, tiene la fortaleza, la seguridad y la empatía para ser un referente del universo femenino que sigue luchando por la equidad, por la complementariedad, por alcanzar el lugar que le corresponde en la sociedad. Harris encarna la histórica aspiración de muchas generaciones de mujeres que lucharon por sus derechos y nadie duda que su presencia contribuirá a la interculturalidad y la diversidad racial.

Más aun cuando su elección se da en el centenario de la 19ª Enmienda, que amplió la participación política de algunas mujeres, mientras que otras como Harris continuaron excluidas. Eso resulta aún más simbólico. Para las mujeres de todas las procedencias, de todos los ámbitos, de todas las tendencias políticas, el ascenso de Harris a la vicepresidencia amplía los horizontes de lo posible.

Y si a esto le sumamos que Estados Unidos tendrá en la línea directa a la sucesión presidencial a dos mujeres, a la vicepresidenta electa, seguida de Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara si es reelegida, confirma que estamos frente un cambio sustancial en la política y en las oportunidades para las mujeres.

Curiosamente Harris nunca ha portado la bandera de la mujer como estandarte, como si lo han hecho otras mujeres que buscan espacios políticos en EE.UU., ni se ha escuchado en sus discursos el menor resentimiento. Su voz ha estado encaminada a demostrar que las dificultades se superan con trabajo y persistencia. Hoy, desde la vicepresidencia, Kamala Harris puede demostrar que la complementariedad de género, trabajando de la mano, buscando el equilibrio, tendrá grandes posibilidades de recomponer las fracturas profundas que hoy tiene el país de las oportunidades.