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Conectividad, pero con eficiencia

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María Claudia Lacouture Exministra de Comercio

La semana pasada se cayó el sistema HBS, que integra las soluciones de inspección del equipaje en bodega que entra y sale del aeropuerto El Dorado, lo cual desencadenó una situación compleja de seguridad, revisión y demoras en las entregas de maletas y puso una evidencia más al problema de la congestión aérea, concentración del tráfico nacional y la creciente necesidad de una política de conectividad eficiente.

El éxito de Colombia como destino turístico y hub para la región desencadenó que el aeropuerto de Bogotá, que tiene todas las condiciones para operar de manera eficiente, se quede corto para atender la creciente demanda. De volar a 40 destinos internacionales desde El Dorado en 2010, se pasó a 90 en 2018, el número de sillas en oferta se duplicó y pasamos de 25 a 34 aerolíneas.

De esas aerolíneas, solo seis prestan sus servicios únicamente en Bogotá, mientras que 28 tocan ciudades como Cartagena, Medellín y Cali. Si bien la conectividad con las regiones ha crecido es importante generar acciones para tener uno o varios aeropuertos alternos que faciliten la llegada de nuevas aerolíneas en particular aquellas, como Emirates, que cuentan con importantes subsidios por lo que no podrían competir en igualdad de condiciones con compañías que no tienen ese apoyo estatal.

La política de conectividad también debe ir de la mano con seguir las acciones para modernizar y remodelar más de 58 aeropuertos que comenzaron en el Gobierno pasado. Algunos terminales cierran a las 6 de la tarde porque no hay controladores y se pierde la operación nocturna. El avión produce dinero cuando está en el aire, no en tierra.

Según ATAC, en 2030 tendremos 100 millones de pasajeros, de los cuales 60 pasarán por El Dorado, y los 5 millones que no pasan por Bogotá se convertirán en 40. Hoy tenemos 38 millones, de los cuales 32 pasan por El Dorado. Que un pasajero del Caribe tenga que cruzar por Bogotá para llegar a Medellín, Cali o Bucaramanga no tiene justificación. El índice del Foro Económico Mundial en términos de competitividad aérea ubica a Colombia en el puesto 134 entre 140. Los tiquetes aéreos, impuestos y tasas adicionales encarecen mucho los viajes.

Para un país donde su geografía dificulta el acceso a destinos turísticos, la conectividad es indispensable. Es importante desarrollar estrategias enfocadas a la consecución de nuevas y más rutas a ciudades intermedias que faciliten la llegada de viajeros. Es el caso de Villavicencio, puerta de entrada a la Orinoquía y Amazonía, cuya necesidad de mejoramiento quedó en evidencia con el cierre de la carretera. Con la inversión adecuada podría ser una buena alternativa a Bogotá.

El aumento del tráfico aéreo en Colombia también invita a avanzar en políticas de cielos abiertos y quintas libertades que permitan la entrada de nuevas rutas, más frecuencias y llegada de vuelos de conexión.

La quinta libertad quiere decir que todas las aerolíneas que lleguen podrán cargar y descargar pasajeros en un tercer destino pudiendo establecer las frecuencias y rutas el día, hora y lugar que quieran sin considerar el mercado. La competencia es muy bienvenida pero no a cualquier costo. Es momento de hacer el análisis de nuestra política de conectividad para generar una de las herramientas más importantes para que el turismo sea el nuevo petróleo, una conectividad eficiente y justa.

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