Analistas

Más inflación, menos deuda

No tener espacio fiscal es equivalente a tener deuda del gobierno por encima de 96% del Producto

Los libros de texto introductorios de macroeconomía suelen enfatizar el rol que tienen los bancos centrales y los gobiernos en mitigar las consecuencias de la llegada de crisis económicas. La receta de esos textos indica que una vez llegada la mala fortuna, el banco central debería reducir la tasa de interés y el gobierno aumentar transitoriamente su gasto. Esas expansiones fiscales y monetarias evitan, al menos en el texto, las materializaciones de las crisis sobre la actividad económica. Un estudiante acucioso podría preguntar por qué las consecuencias de ese estrés económico terminan en muchas ocasiones apagando la actividad económica si tenemos a mano la receta para evitarlo.

Una posible respuesta, propuesta recientemente por los profesores Christina y David Romer de la Universidad de Berkeley, indica que esos instrumentos tienen los efectos deseados pero gobiernos y bancos centrales no siempre disponen de espacio para usarlos. Por ejemplo, si al comienzo de la crisis la tasa de interés ya está en niveles bajos, el Emisor tendrá poco espacio contra-cíclico: llegado el incendio, hay mangueras y carros de bomberos dispuestos, pero no suficiente agua. De igual manera, ante la llegada de la crisis, un gobierno podría querer utilizar el instrumental fiscal propuesto pero es posible que un elevado nivel de deuda le impida desplegarlo.

La investigación muestra que ante la llegada de crisis financieras, los países que tenían espacio para implementar políticas monetarias y fiscales expansivas y lo usaron, lograron apagar por completo las consecuencias de esas turbulencias sobre la actividad económica. En cambio, los que llegaron a las turbulencias financieras con altos niveles de deuda o tasas de interés muy bajas, enfrentaron deterioros significativos del ingreso nacional.

De aquí se desprenden dos lecciones. La primera, en el frente monetario. Para asegurarse suficiente agua cuando haya que desplegar los bomberos monetarios, se requieren metas de inflación que alejen la tasa de interés nominal del piso marcado por el 0%. Ciertamente las metas que tienen muchos países industrializados rondando 2%, son demasiado bajas para ese propósito. Ese llamado a repensar el credo sobre los beneficios de la casi total estabilidad de precios recibe por tanto otro empujón dentro de la ciencia económica.

La segunda lección, la del frente fiscal, indica que para poder usar el gasto público de manera efectiva como herramienta en malos tiempos, se requiere un bajo nivel de deuda. En la investigación de los Romer, no tener espacio fiscal es equivalente a tener deuda del gobierno por encima de 96% del PIB, mientras que tenerlo corresponde a cifras por debajo de 27%. Colombia está en la zona gris entre esas dos cifras y permanecerá allí durante la próxima década de acuerdo a las previsiones del Marco Fiscal de Mediano Plazo. Ante la imposibilidad de tener la suficiente munición fiscal, los Romer proponen incrementos en el gasto público de corto plazo cuando las circunstancias lo requieran, a cambio de consolidaciones fiscales futuras. Eso permitiría abrir el espacio fiscal (a pesar de la alta deuda) y político para actuar como el libro de texto dice que debiéramos actuar. La buena noticia para Colombia es que la regla fiscal vigente se asemeja a esa receta alternativa.