Analistas

Expectativas de inflación

GUARDAR

La minuta de la reunión del 21 de agosto de la junta del Banco de la República tiene, como es usual, un capítulo dedicado a resumir la discusión y opciones de política que se consideraron. En cuatro párrafos que representan la sustancia de la minuta aparece siete veces  la frase “expectativas de inflación”. El texto y la intensidad de dicha frase dejan claro que si las tasas de intervención del Banrep van a subir, bajar o quedarse quietas depende de lo que los colombianos esperemos sobre la inflación futura. 

Como nunca antes está en manos nuestras decidir qué debe hacer el Banrep. En una especie de política monetaria por democracia directa, nosotros votamos por una expectativa de inflación y el Banco ajusta su tasa de interés. Si nos da por esperar una inflación alta el Banco subirá las tasas de interés; si anclamos nuestras expectativas en niveles cercanos al cuatro por ciento el Banco no hará nada; y si nos bajamos lo suficiente incluso podemos lograr una reducción en la tasa de intervención. 

No es buena señal que las expectativas de inflación se perciban como una veleta que determina la política monetaria. Un banco central con credibilidad, como la que ha venido construyendo durante el último cuarto de siglo el Banrep, debe ser un banco que dirija las expectativas de inflación. Nadie tiene en el mundo mejor información ni más recursos humanos de primer nivel dedicados a estimar la tasa de inflación futura colombiana que el Banrep. Así,  anuncios transparentes del Banco sobre la inflación que tendremos al final de este año y la del entrante producidos por ese equipo técnico deberían ser los determinantes fundamentales de las expectativas de inflación. 

Visto así, el problema que enfrenta el Banco no es de nuestras expectativas-como las minutas parecen sugerirlo-sino de inflación pura. El último reporte del Dane muestra que el crecimiento de los precios interanual se acerca al 5% y aún falta absorber un trecho de la devaluación y de la sequía. La inflación va a cerrar el 2015 muy por encima de las metas del Emisor pero lo que haga éste en lo que resta del año no alterará ese resultado. El lío es que cerrar el año con una inflación por encima de 5% es una mala noticia para el 2016 porque pondrá en marcha mayores ajustes salariales y eventualmente también se reflejará en mayores ajustes en los precios de algunos productos en 2016. 

El panorama inflacionario de 2016 tiene pensando al Banco en subir tasas de interés para enfriar la economía y así dirigir ese incremento de precios al rango deseado. La estrategia es dolorosa porque el motor de la inflación no es una economía recalentada sino dos choques de oferta, como los llaman los economistas, que son la devaluación y el clima. Reaccionar con incrementos en las tasas de interés ante ese tipo de choques sería retroceder al siglo pasado cuando al Banco, por su falta de credibilidad, le resultaba imposible llevar a cabo políticas contra-cíclicas. 

Lo que procede, a mi modo de ver, es que el Banrep retome el mango del sartén de las expectativas de inflación. En concreto, el Banco debería subir el rango meta de 2016 y dirigir las expectativas de inflación a ese nuevo número para el año entrante, aclarando que para 2017 espera retomar el rango meta usual. Sin ese ajuste habrá que escoger entre dos malas opciones: subir tasas drásticamente para asegurarse que la inflación regrese a la meta o volver a incumplirla y echar por la borda la credibilidad ganada con tanto esfuerzo.
 

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés