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Caiga en la nota

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Suena una pieza musical. Un presentador y un concursante escuchan atentamente el progreso de la tonada. Cuando empieza la parte vocal el concursante se pega de esta y empiezan a dúo a oírse el original y la copia simultáneamente. El presentador del programa mira al concursante y súbitamente con un chasquido de dedos inapelable ordena que se silencie la música original. El concursante, ahora sin instrumentación, sin los cantos originales, sin la cortina que marcaba el paso, empieza a cantar la tonada escogida. Lo hace en soledad ante la mirada juzgadora e implacable del público. Un largo tiempo después, con otro chasquido, el presentador ordena volver a subir el volumen al canto original. El concursante celebrará si cayó en la nota, si en el momento en que la tonada original reapareció el canto del aficionado entonaba la misma palabra que esta. Ni una más, ni una menos. 

 
Los Bancos Centrales ofician de concursantes en Caiga en la nota. Cuando se apaga la música de la economía deben empezar a cantar, a capela. Pero a diferencia del concurso de marras su tarea tiene  escollos y reglas inciertas. Por un lado, el Banco Central no sabe cuánto tardará el presentador en chasquear los dedos, en reaparecer la acallada tonada. Peor aún, es posible que tras bambalinas el presentador haya acelerado o ralentizado la tonada original. 
 
El equipo técnico del Banco de la República está constantemente evaluando la velocidad a la que avanza, en silencio, la obra escogida. Escudriña la mirada del presentador en búsqueda de señales sobre el cambio de ritmo y ajusta sus políticas de acuerdo a las conjeturas que infiere de ese análisis. Diseñan modelos que replican el pulso de la composición y permiten ajustes ante la tiranía inferida del presentador. 
 
Si bien el presentador trata de permanecer con la cara incólume, momificada para usar términos de moda, mi lectura de sus facciones es que aceleró el pulso. En efecto, la inflación se ha deslizado rápidamente alcanzando registros históricos en más de medio siglo. En un lapso de 16 meses la inflación anual pasó de superar el 4% a caer a 1,83%. Pero el Banco de la República no parece haber interpretado las facciones de esa manera. En efecto, en octubre de 2011 cuando la inflación superaba el techo de la banda meta, la tasa de intervención del Banco era de 4,5%. Es decir, que neta de la inflación contemporánea, esta tasa era de apenas 0,5%. Ahora, el Banco lleva varios meses persiguiendo con sus tasas la deslizante inflación. Sin embargo, a la fecha la tasa de intervención es de 3,75% con lo cual este indicador neto de la inflación contemporánea se acerca al 2%. Parece correr más rápido la tonada original que la del Emisor y si no hay un cambio de velocidad en este no habrá forma de caer en la nota. 
 
El Banco dirá, con razón, que lo importante es caer en la nota cuando suban el volumen, cuando las decisiones de ahora tengan efecto y que para eso faltan muchos meses, quizás más de un año. Pero también es posible que esa lectura deba completarse con la observación de que posiblemente le hayan adelantado mucho el disco y que ahora requiere saltarse algunas estrofas para caer en la nota cuando regrese el chasquido. Con la tasa de cambio revaluada, la confianza de los consumidores a la baja, la industria apagada, la inflación por debajo del piso de la meta y el enfriamiento crediticio de los últimos meses, no parece haber muchas disculpas para no saltarse unas estrofas.
 
Twitter: @mahofste
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