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El próximo 22 de marzo se cumplirán seis años de la expedición del Decreto 457 de 2020, mediante el cual se ordenó el aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio colombiano como respuesta a la emergencia sanitaria ocasionada por la covid-19. Aquella decisión marcó el inicio de uno de los periodos más complejos de la historia reciente del país. Las medidas se mantuvieron, con desmontes graduales, hasta su levantamiento definitivo el 1 de julio de 2022. Para ese momento, Colombia registraba cerca de 140.000 fallecimientos y más de seis millones de contagios asociados al virus (Organización Panamericana de la Salud, 2022).
A escala global, la magnitud de la crisis fue aún más dramática. El número de contagios superó los 600 millones de casos y se estima que cerca de 15 millones de personas perdieron la vida como consecuencia de la pandemia (Organización Mundial de la Salud, 2022). Fue uno de los episodios más críticos de la historia contemporánea, tanto por sus efectos en la salud pública como por las profundas transformaciones sociales, económicas y educativas que desencadenó.
En Colombia, la gestión de la crisis implicó una movilización institucional sin precedentes. Gobiernos, sector privado, sistema de salud, universidades y organismos internacionales debieron actuar de manera coordinada para responder a la emergencia. La pandemia evidenció fortalezas importantes del sistema de salud colombiano, pero también la necesidad de robustecer su capacidad hospitalaria, las redes de diagnóstico, la logística sanitaria y los sistemas de información epidemiológica.
Uno de los aprendizajes más relevantes fue el papel estratégico de la ciencia y la investigación. En todo el mundo, universidades y centros de investigación lideraron avances para comprender el virus, desarrollar vacunas, mejorar los sistemas de diagnóstico y diseñar estrategias de prevención. La pandemia demostró que la inversión en conocimiento es esencial para la resiliencia de las sociedades ante crisis globales. El sector educativo también experimentó una transformación acelerada. En cuestión de semanas, millones de estudiantes y docentes debieron migrar hacia entornos virtuales para garantizar la continuidad de los procesos formativos. Esta transición evidenció las brechas digitales existentes, pero también el enorme potencial de la tecnología para ampliar el acceso a la educación superior, flexibilizar las trayectorias de aprendizaje y llegar a poblaciones que tradicionalmente están excluidas del sistema.
Hoy existe una mayor conciencia sobre la importancia de la multimodalidad en la educación, la transformación digital y la necesidad de modificar las prácticas pedagógicas hacia enfoques reflexivos centrados en el estudiante y el aprendizaje. Recordar la pandemia es mucho más que un ejercicio de memoria: es una oportunidad para reafirmar el valor de la investigación para generar conocimiento e innovación, y el de la educación para crear capacidades de agencia en los colombianos para comprender la realidad, enfrentar la incertidumbre, resolver problemas complejos y construir un mayor bienestar. Seis años después, en Colombia la pregunta ya no debería ser qué ocurrió entonces, sino en qué medida hemos sostenido la inversión en investigación y educación para generar conocimiento y formar el talento humano con capacidad para enfrentar con éxito crisis futuras.
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