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¿Aplausos a la devaluación?

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La tasa de cambio del peso frente al dólar se ha depreciado cerca de 35% en el último año. La caída del peso va más allá del fortalecimiento global del dólar. En efecto, el valor de nuestra moneda ha caído también frente a pares latinoamericanos como Chile, Perú y México. Ante ellos, hemos perdido entre 10% y 17% de nuestro poder de compra en doce meses. 

Contrario a lo que sucede en otros países de América Latina, en nuestro imaginario la devaluación es percibida como una gran noticia, como si finalmente tras haber contenido la respiración la devaluación fuera una ansiada bocanada de aire. El por qué tenemos un imaginario diferente respecto a otros países ante la pérdida de poder adquisitivo es una pregunta que merece ser estudiada. Una hipótesis es que en nuestro país los sectores productivos que se benefician de las depreciaciones son particularmente exitosos en vocalizar sus preferencias y en difundir la percepción de que el triunfo de sus negocios es sinónimo del buen desempeño del país.

A pesar de ese imaginario, los datos muestran que en años en que nuestra moneda se debilita el desempeño económico empeora. Una simple correlación entre la tasa de cambio real y el crecimiento económico prueba que crecemos más cuando nuestra tasa de cambio es fuerte que cuando es débil. Una depreciación real de 25% (similar en tamaño a la que veremos a final de año) está asociada con una reducción del crecimiento de 1%. 

La presencia de una correlación no significa que haya causalidad entre esas variables. Pero esa correlación ha sido identificada en otras latitudes en el pasado y desencadenado investigaciones para descubrir los canales que podrían explicar por qué el desempeño económico se deteriora con las devaluaciones. 

Un primer canal tiene que ver con los precios de los bienes importados. La devaluación encarece en moneda local todo lo que importamos, reduciendo nuestra capacidad de compra de esos bienes. Sala-i-Martin, el famoso economista catalán de la Universidad de Columbia, se lamentaba en días pasados por la reacción de algunos europeos ante la caída del Euro. Al respecto escribió: “¡Depreciación equivale a reducción salarial! Pero europeos que critican recortes salariales, aplauden depreciación del euro”. Desde esa perspectiva, a los colombianos se nos redujo el sueldo 35% y no solo no nos quejamos sino que muchos aplaudieron. 

El segundo canal que explicaría una relación entre malos tiempos y devaluaciones es el encarecimiento de la producción doméstica que utiliza insumos importados o requiere bienes de capital de ese origen. Un tercer canal surge de las frecuentes reacciones en el frente monetario. En el pasado, los bancos centrales en mercados emergentes ante la devaluación de sus monedas optaron por subir sus tasas de interés enfriando la actividad económica doméstica. En Colombia, el Banco de la República ha hecho caso omiso a esos llamados en esta ocasión. Finalmente, el encarecimiento de las obligaciones externas, especialmente para las empresas que no tienen cubrimientos cambiarios naturales, es otro canal que podría explicar por qué se deteriora la actividad económica ante depreciaciones de la moneda. 

Cualquiera que sea la razón exacta que vincula el crecimiento económico con la tasa de cambio, resulta importante tener presente que si bien hay ganadores con la depreciación, también hay perdedores y que en el pasado la suma de las pérdidas podría haber superado a la de las ganancias. Quizás sea hora de silenciar los aplausos a la devaluación. 
 

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