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Tributaria: ¿Y si el Estado se comportara como una empresa? (3)

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En una empresa la peor manera de cerrar un presupuesto es cuadrarlo de un hachazo. Si los resultados presupuestados son insuficientes a los ojos de los socios y la organización no es capaz de comprometer a los responsables a identificar dónde se debe hacer un esfuerzo adicional de manera inteligente, se termina con el peor de los escenarios.

El Presupuesto General de la Nación (PGN) acaba de cerrarse de esta manera en el Senado. La rondas de ajuste del presupuesto llevaron a una disminución de 1,4% en el presupuesto de funcionamiento con respecto a la propuesta inicial, resultando en un incremento de 5% con respecto al de 2014, dos puntos porcentuales por encima de la inflación. Una cifra de estas no sería aterradora si el faltante en el presupuesto, estimado de una manera conservadora ya que los precios del petróleo son ya muy inferiores a los asumidos en el PGN, no equivaliera a más de 10% del gasto de funcionamiento. Un esfuerzo en el recorte de 1,4% cuando se necesitaba uno de más de 10% es claramente insuficiente.

Se dirá que el PGN incluye partidas que son vitales para el país como la salud y la educación, pero ¿está el gasto en estos rubros realmente optimizado? ¿Cómo garantiza el gobierno que los controles de precios de los medicamentos y la inclusión de las TIC en la educación generan beneficios para La Nación si no se reflejan en una disminución de gastos? ¿Será que los esfuerzos que se han realizado para optimizar el gasto son solo anuncios de prensa o será que sencillamente no se están incluyendo en el PGN?

El ejercicio de definición del PGN, a semejanza de los de los presupuestos de empresas privadas, debe descartar los gastos innecesarios y romper los paradigmas que impiden que el gasto rinda más. En el primer caso el ministro Cárdenas declaró que el gobierno va a apretarse el cinturón y que se recortarán en 10% los gastos personales y servicios personales indirectos con ahorros estimados de medio billón que no equivale ni a 5% del ahorro que se necesita para cuadrar el presupuesto. La oportunidad puede ser mucho más grande.  Con solo cumplir la promesa del presidente Santos de bajar la publicidad estatal en 40% se puede lograr este objetivo, dado que el gasto en este rubro entre julio de 2013 y enero de 2014 fue de $1,1 billones. Un esfuerzo adicional sería bienvenido y de ejecución relativamente sencilla.

Por el lado de hacer rendir los gastos de la Nación las oportunidades son enormes. Las demandas contra La Nación suman más de $180 billones. Con el fin de disminuir el desbalance ¿no vale la pena hacer un análisis detallado de como minimizar el impacto de estas demandas en el estudio del PGN? Los gastos de pensiones diferentes a Colpensiones son de más de $20 billones  anuales, ¿será que obligar al gobierno a encontrar una solución definitiva a los topes de pensiones por medio del PGN no es factible?

Estas y otras discusiones profundas con respecto a cómo optimizar cada uno de los rubros del gasto no se dieron en el Congreso y deberían suceder con la presencia de cada uno de los ministros y responsables en los debates de aprobación, comprometiéndolos con mejoras en la ejecución. 

Einstein decía que si se quiere lograr resultados distintos es necesario hacer las cosas de manera distinta y la empresa privada es un buen ejemplo de cómo debería abordarse la definición del PGN. Esperemos que para  2016 el enfoque sea otro porque para 2015 ya no fue.

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