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Suiza, el oro y el plebiscito

La visita del presidente suizo a Colombia terminó siendo una visita muy diplomática en lo publicado por los medios. Las manifestaciones de apoyo al proceso de paz por parte del dignatario helvético caen dentro de lo predecible, ya que ningún mandatario foráneo puede, en temas en que la opinión pública de su país no entiende a profundidad, declararse en contra de conceptos tan poderosos como el no a la guerra.

Desde el punto de vista comercial, la visita estuvo enmarcada en las realidades económicas de los dos países. Suiza, una economía sin recursos naturales, basa su producción en la generación de conocimiento, en lo que se podría calificar como un gran parque tecnológico de 40.000 kilómetros cuadrados. Estratégicamente hablando, Suiza tiene una dependencia alta de la Unión Europea que la rodea íntegramente, y con quien las conversaciones de comercio están enmarcadas en discusiones complejas relacionadas principalmente con la libre circulación de personas de la Unión Europea en territorio helvético. Hoy en día, aproximadamente 25% de los habitantes en Suiza no tiene su nacionalidad y como consecuencia, la libre circulación de foráneos es de una sensibilidad significativa para sus ciudadanos. En este frente, Suiza seguramente será la bola de cristal que le permitirá visualizar a Inglaterra como serán sus relaciones post Brexit con la Unión Europea.

Otro de los problemas actuales de Suiza es su desindustrialización. Los menores costos de mano de obra en el extranjero hacen que muchas de las compañías que producen localmente estén tentadas en mover sus fábricas a otras latitudes. La política de estado suiza ha estado enfocada en hacer más atractiva su mano de obra por medio de una legislación laboral flexible para los empresarios, lo que ha permitido que más de 20% del producto interno bruto corresponda a la industria, porcentaje que, por ejemplo, está en solo 12 % en Francia.

Las exportaciones de Colombia a Suiza en 2015 fueron de alrededor de US$600 millones, de los cuales casi US$400 millones corresponden a compras de oro, dado que Suiza, a pesar de que no es un consumidor final importante, maneja 15% del comercio mundial de este metal precioso. El problema en este frente es que del oro que le compra Suiza a Colombia, solo 20% es producido legalmente, sin mercurio y con respeto por el medio ambiente, por lo que es indispensable que las empresas suizas, impulsadas por su gobierno, se limiten a comprar únicamente oro limpio en el corto plazo. Este tema hizo parte de las conversaciones que el presidente helvético sostuvo con el presidente Santos.

Por último, el presidente Santos le solicitó al presidente helvético que le compartiera su receta para ganar plebiscitos, dado que Suiza hace cuatro de ellos al año. La respuesta consistió en que para ganar plebiscitos el gobierno suizo trabaja fuerte en alinear a todo el gobierno y presentar al pueblo iniciativas con rigor que las haga creíbles. Bajo esta óptica, si el presidente Santos quiere que gane el sí a los acuerdos de paz, deberá garantizar a los ojos de los electores que los puntos negociados se cumplirán apropiadamente y por esto, el resultado del plebiscito estará íntimamente relacionado con la credibilidad del presidente Santos y su gabinete ante los colombianos. Es crítico para los colombianos que, no solamente el contenido de los acuerdos sea apropiado, sino que nuestra clase dirigente sea capaz de implementarlos.