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Protéjase de la tormenta perfecta

La tormenta perfecta, película del año 2000 dirigida por Wolfgang Andersen, describe el amargo desenlace de un grupo de pescadores que ante una situación económica complicada toma riesgos supremamente altos para llenar sus redes. El épico final de los pescadores se materializa en una pantalla absolutamente negra, resultado del hundimiento de la embarcación cuando es capturada entre dos olas gigantes en la mitad del océano.

La situación económica colombiana para el 2018 es, como la de los pescadores de la película mencionada, complicada. La situación en Venezuela, el declive normal que se da en un año preelectoral y las señales preocupantes de desempeño de la industria, la construcción y demás actividades generadoras de empleo, auguran tiempos difíciles para las empresas.
Sin embargo, el escenario económico que se presagia no es catastrófico. Desde 1906 la economía colombiana solo ha entrado en depresión un par de veces y nunca el crecimiento anual promedio de PIB ha sido inferior a 3% en un período de siete años consecutivos, pregonando que la situación de los años venideros no será más que un obstáculo temporal en el camino.

A pesar de que la economía, como un todo, subsistirá la depresión temporal que se avecina, empresas en los sectores más golpeados verán venir la tormenta perfecta si toman riesgos innecesarios como consecuencia de las dificultades que se les presentan, como en la crisis de finales del siglo pasado o la de 2008. Con el fin de evitarla, los directivos empresariales deben tomar medidas que limiten los riesgos catastróficos que amenazan el patrimonio de sus accionistas.

Como primera medida, las empresas deben “variabilizar” la mayoría de sus gastos. En la medida de lo posible, los gastos fijos deben disminuirse o convertirse a variables, para evitar que una disminución en los ingresos genere faltantes de flujo de caja ponga en riesgo la compañía. Conviene efectuar los ajustes al gasto fijo antes de que la empresa entre en periodos de dificultad, cuando aún existe un margen de maniobra para realizar las inversiones que permitan contenerlo.

Segundo, las empresas deben corregir y evitar un eventual sobre apalancamiento, que normalmente se produce cuando se utilizan recursos de deuda para cubrir resultados negativos o fondear iniciativas de crecimiento. La disponibilidad de recursos propios de capital, que no generan una necesidad de flujo de caja hacia los prestamistas como los recursos de deuda, es crítica en épocas difíciles para aprovechar las oportunidades que se presenten a raíz de las dificultades que puedan tener los competidores.

En tercera instancia, los directivos deben concentrar su atención al flujo de caja de la compañía, por encima de otros indicadores de gestión como las utilidades y el retorno sobre el capital. Las empresas que pasan de tener dificultades a un escenario de tormenta perfecta o reestructuración bajo Ley 1116 normalmente lo hacen por deficiencias a nivel de caja y no porque sus utilidades caen.

Por último, un análisis detallado de los ingresos debe permitir identificar cuales están en más riesgo para la empresa. Concentrarse en la venta de productos y servicios que cubren necesidades prioritarias de los clientes limita el riesgo de caídas significativas en los ingresos. Tomando las medidas mencionadas las tormentas perfectas deben mantenerse lejos del alcance.