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Marc Eichmann - eichmannm99@yahoo.com

La situación del empleo anda difícil. Hace un año que Pedro no recibe remuneración, por la reestructuración de personal que emprendió el canal de televisión donde trabajaba. Desde que no tiene una rutina diaria, Pedro rebusca actividades que le permitan hacer unos pesos diarios para que sus ahorros no se acaben tan rápido.

La situación de Pedro no es culpa de su empleador, sus jefes, ni de los accionistas de la empresa en que trabajaba. Dadas las dificultades económicas que sobrevinieron a raíz de los cambios en el entorno, su gerente tuvo que decidir inicialmente entre disminuir el personal o dejar de pagar proveedores. Los bancos por su parte, hace mucho tiempo, no les prestan a compañías del sector, por la percepción, justificada, del riesgo de que la empresa no sea capaz de repagar los créditos. Años después, por no tomar decisiones que garantizaran la estabilidad financiera del canal, no hubo otro remedio que cerrar sus operaciones.

Todo empezó hace unos cinco años, cuando las ventas por publicidad, único ingreso del canal, empezaron a caer a tasas de más de 20% anual. La pauta digital no solo es más económica sino más segmentable, flexible e interactiva que la que vendía el canal. Los anunciantes, fabricantes de automóviles, empresas de telefonía celular y de consumo masivo, entre muchos otros, como consecuencia, prescindieron de los servicios del canal. Pedro, encargado de producir el noticiero, nunca se enteró de los problemas de sostenibilidad y, sin embargo, los problemas llegaron a él.

Esta columna describe, con caso hipotético, lo que pasó con Noticias UNO. Una historia dura en lo humano, complicada para los accionistas y muy difícil de manejar para su alta gerencia. El canal, como un castillo que se construye en la playa, fue víctima del cambio tecnológico que, como una ola, arrasó con él. Triste, pero no es la primera vez que pasa en la historia.

El gerente del noticiero y su accionista minoritario, en un acto de transparencia y de responsabilidad salieron a explicar la situación, de manera clara y concisa, sin tapujos. Para ellos la decisión fue mucho más complicada que para aquellos que nunca contrataron pauta con el canal y ni siquiera participaron como su audiencia en aumentar los ratings, pero que se rasgan hoy las vestiduras ante el cierre.

Lo sorprendente es que, a pesar de la claridad de la situación, ciertos sectores del espectro social, con una orientación política definida, utilicen la situación del canal para justificar posturas ideológicas, con argumentos alejados de la realidad. En su mundillo imaginario le echan la culpa a la mordaza financiera del gobierno e invocan el sagrado derecho a la libertad de expresión para explicar la debacle del canal y la situación de Pedro. Según ellos, la realidad no necesita analizarse con rigor, porque solo irrigar su percepción sesgada del mundo es importante.

En Colombia, como en todo el mundo, seguirán sucediendo casos como el de Noticias UNO. Lo importante es que, si queremos que las empresas de medios perduren dentro de la independencia informativa, como un contrapeso al poder, no reaccionemos cuando ya es demasiado tarde. Para esto tenemos que empezar por entender que producir noticias cuesta y que más tarde que nunca, si queremos seguir que tener acceso a ellas, habrá que pagar para el acceso y dejar de escudarnos en argumentos oníricos.

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