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No es por ser de izquierda

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Marc Eichmann - eichmannm99@yahoo.com

Cuando en los círculos de opinión se compara el presente de Medellín con el de Bogotá, siempre alguien asigna el atraso en el desarrollo de la capital a los tres mandatos de izquierda por los que pasó. Se alude al mandato del dirigente sindical Lucho Garzón, cuya vocación pasó más por el manejo político que por el desarrollo de un territorio, al de Samuel Moreno, quien con poco conocimiento de la ciudad aprovechó su posición de burgomaestre para vaciar las arcas públicas, y al de Gustavo Petro, quien, según algunos, no dio prioridad a Bogotá por utilizarla como plataforma para una eventual Presidencia de la República.

Los tres alcaldes mencionados son estereotipados como de izquierda por sus orígenes políticos, en los cuales crecieron fuera del establecimiento tradicional, cobijados por el Polo Democrático Alternativo. Garzón fue postulado como aspirante a la Alcaldía de Bogotá por sus principales líderes, Antonio Navarro, Samuel Moreno y Jaime Dussán, con un mensaje de acento social y el respaldo de Piedad Córdoba en el Partido Liberal.

Samuel Moreno, nieto del general golpista Gustavo Rojas Pinilla, fue respaldado como candidato a la Alcaldía, entre otros, por los senadores Jorge Robledo y Dussán como una alternativa al establecimiento. Petro fue apoyado por Moreno. Las alcaldías de Samuel Moreno y de Gustavo Petro fueron motivo de crítica en amplios sectores de la ciudad, en oposición a la alta popularidad e impacto que generó el gobierno con rasgos de izquierda de Mockus, en su momento.

Un análisis de los gobiernos de los alcaldes que surgieron de las entrañas del Polo deja entrever que sus características no correspondieron a su supuesta orientación política. Según los indicadores de desarrollo, las administraciones Peñalosa, asumidas como de derecha, tuvieron impactos similares en los bogotanos de bajos recursos que los gobiernos de los polistas.

La diferencia importante entre las administraciones de los últimos veinte años en Bogotá no está, entonces, en la orientación política de sus mandatarios sino en su compromiso con la ciudad. Por eso, la popularidad de Sergio Fajardo, Aníbal Gaviria y Federico Gutiérrez en Medellín, de Alejandro Char y Elsa Noguera en Barranquilla o tantos gobernantes de pequeños municipios es tan alta: sus gobernados les reconocen la intención de desarrollar las ciudades por encima de sus intereses de desarrollo político.

La importancia de elegir bien a los alcaldes y gobernadores está también en evitar que las arcas de las ciudades caigan en manos de clanes políticos dedicados al saqueo. El daño resultante se refleja no solo en las finanzas de los territorios sino en las políticas que se dejan de implementar y el correspondiente atraso que generan en su desarrollo.

Con base en estos preceptos, invito a que, al escoger por quién sufragar en las elecciones a alcaldías y gobernaciones de octubre 27, consideren el compromiso de los candidatos con su ciudad, por encima de sus aspiraciones políticas o su interés de lucro. Aquellos candidatos que buscan en la alcaldía una plataforma para impulsar su carrera política o su bolsillo, en detrimento del bienestar de su ciudad, terminan siendo nocivos. Y los candidatos que, a costas de no proyectarse en la política nacional, ven el cargo de alcalde de su ciudad como un objetivo loable, resultan siendo los que mejor la administran.

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