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Analistas 30/10/2018

Homenaje al maestro

Marc Eichmann
Profesor MBA Universidad de los Andes

Querámoslo o no, el mundo se ha globalizado hasta en los aspectos más rutinarios como la comida. Hoy no es raro almorzar un plato de espagueti boloñesa con queso parmesano, una hamburguesa con queso y papas a la francesa o un wok de vegetales. Nuestros gustos alimenticios han migrado del popular Acpm (arroz, carne, papa y maduro) y de la bandeja paisa a opciones foráneas que hemos acogido con entusiasmo.

Esta migración a nuevos platos es generalizada en todo el planeta. En las calles de Londres o de Nueva York, de Sídney o de Buenos Aires, la oferta gastronómica es cada vez más amplia y exótica. En Bogotá se encuentran platos de sushi japonés, tacos mexicanos o un perro caliente originario de Alemania con más facilidad que un ajiaco bogotano o un aborrajado valluno.

Es ya común, en los hogares colombianos, no solo comer platos foráneos fuera de casa, sino también prepararlos y consumirlos en el hogar, como lo testifica la presencia de cada vez más alimentos extranjeros en los estantes de los supermercados.

Parte de la migración a consumir nuevas opciones gastronómicas se debe al rol social cada vez más preponderante del almuerzo y la cena. Compartir nuevas experiencias de comida entre amigos o familiares le da una sazón especial a la interacción social. Almorzar o cenar en compañía es para muchos la ocasión de romper el ciclo de rutina de las series de Netflix, los juegos de video y las opciones de entretenimiento cada vez más solitarias en nuestra sociedad.

Sin embargo, a pesar de los cambios en nuestros hábitos alimenticios, aún seguimos ranchados en el desayuno tradicional. Si bien innovamos a la hora de almorzar o comer, a la hora del desayuno aun somos predecibles. Desde la opción de huevos con arepa, jugo de naranja y café a la más sana de combinar frutas, el desayuno sigue siendo rutinario para la mayoría.

De pronto por ser la primera comida del día que marca su desarrollo, o por ser una ocasión de sentarse a solas a suplir las primeras calorías de una jornada atareada, no estamos dispuestos a tomar riesgos con ella y nos conformamos con cumplir el deber de alimentarnos, sin buscar nuevas opciones de innovación. El desayuno ha resistido bien a la globalización por su importancia fundamental.

Como la alimentación, el ambiente de negocios también ha estado expuesto a la globalización. Cada vez existen más innovaciones que hemos venido adaptando del exterior, incluyendo las novedades del Big Data, el mercadeo digital, el coaching a directivos y el kaisen, entre muchos otros, que han modificado nuestra forma de hacer negocios, así como modificamos nuestros hábitos alimenticios.

En el mundo de los negocios también mantenemos nuestro desayuno, en forma de axiomas de negocios que se deben respetar para ser exitoso. Hoy como ayer, a pesar de las nuevas tendencias “fashion” corporativas, los directivos de las empresas deben seguir aplicando con rigor los fundamentos de los negocios, como lo son subordinar las finanzas al mercadeo, acoplar la estrategia al perfil de riesgo corporativo, manejar el personal de forma positiva y propositiva, garantizar un gobierno corporativo sano, ir a detalle en los aspectos relevantes y adaptar la estructura del negocio para poder crecer, entre otras. Ignorar estas máximas y dejarse llevar únicamente por las nuevas tendencias equivale a enfrentar un nuevo día sin desayuno.