Analistas

Funcionarios “ONG”

A raíz de sus desarrollos en el campo de la biotecnología, Monsanto es una de las empresas más criticadas y con peor reputación en el mundo. La multinacional, que ha sido blanco de múltiples intentos de adquisición por parte de compañías de agroquímicos que buscan completar su portafolio con su know-how en el campo de las semillas, se ha caracterizado por desarrollar tecnologías que modifican genéticamente las plantas con el fin de aumentar su rendimiento y hacerlas inmunes a químicos que controlan las plagas. Gracias a Monsanto, millones de personas desfavorecidas en el mundo han podido alimentarse, disminuyendo significativamente los indicadores de malnutrición.

Los ataques a Monsanto han surgido principalmente de Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) como Greenpeace que han logrado vender al público que los alimentos genéticamente modificados son comida Frankenstein. Por medio de comunicados amañados y sin rigor científico, las ONG despotrican de los avances tecnológicos apalancados en el miedo que inspira lo desconocido en la población, de la misma manera que muchos alcaldes en Colombia impiden el despliegue de torres para antenas celulares por ser nocivas para la salud. En los dos casos no hay estudios serios que demuestren lo argumentado por las ONG, pero para el público en general el riesgo de que las afirmaciones puedan ser ciertas hace que el pueblo aplique el dicho de que “seguro mató a confianza”.

Para fortuna de la humanidad, en días anteriores, más de 100 premios Nobel en disciplinas relevantes para el tema, de los 280 premios Nobel vivos, enviaron una comunicación a las ONG solicitándoles interrumpir la campaña de descrédito a Monsanto, por no tener ningún rigor científico y producir daños irreparables a la humanidad. Greenpeace, en una posición desafiante con los laureados, sostuvo su posición populista en un comunicado en el cual mantiene su argumentación ante la opinión pública.

La actitud de las ONG no solo se encuentra en situaciones como la de Monsanto. Algunos funcionarios públicos se destacan por posturas similares a las de los premios Nobel, independientemente de su filiación política. Senadores como Jorge Robledo e Iván Duque, alcaldes como Enrique Peñalosa y candidatos presidenciales como Sergio Fajardo, en orillas políticas opuestas, terminan siendo mucho más parecidos cuando el criterio es el apego a la verdad y el rechazo a las prácticas populistas. Estos políticos se caracterizan por ser estudiosos, serios, consistentes y, por tener criterio para evaluar las consecuencias de sus decisiones en el bien común. Son ajenos a la maquinaria política y a la compra o endoso de votos, y no necesitan de mermelada para seguir haciéndose elegir.

En la otra orilla están los políticos ONG, enamorados del cálculo no matemático sino electoral, que esgrimen como atractivo hacia el electorado que basan sus decisiones exclusivamente en lo que es popular. Para ellos las palabras sonoras sin contexto, los principios grandilocuentes sin aplicación práctica y las negociaciones privadas son las herramientas predilectas para mantener su curul o posición pública. Este tipo de políticos, cuyas posiciones de liderazgo son escasas y siempre controversiales, no solo le quitan espacio a aquellos que se esfuerzan en generar bienestar a los colombianos, sino que son los responsables de que la mermelada funcione. Son los políticos tradicionales para quienes ellos son primero que el constituyente y que tanto daño le hacen al país.