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¿Estructural o coyuntural?

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La pregunta que se hicieron muchos de los empresarios, al finalizar el mandato Santos, fue si el mal estado que se vivía en el entorno económico respondía a causas estructurales o causas coyunturales. Las causas coyunturales, a diferencia de las estructurales, son perecederas, desaparecen en el corto plazo, como por ejemplo la incertidumbre electoral o la temporada de lluvias.

Las causas estructurales necesitan de un esfuerzo prolongado o de una cirugía profunda para ser solucionadas. Para muchos empresarios, la importancia de dilucidar este dilema pasaba por entender si los mercados y la demanda mejorarían con el cambio de gobierno.

Hoy, la respuesta a este interrogante aún no es clara. Si bien la sensatez y el perfil técnico del presidente Duque han traído una bocanada de aire fresco a la confianza del consumidor, es claro, en este inicio de mandato, que los mercados están demorándose en mejorar, y las decisiones de inversión en nuevos proyectos productivos por parte del sector privado, aún se analizan con cautela.

Las señales positivas del gobierno provienen de varios lugares. Inicialmente, el nombramiento de un equipo ejecutivo de perfil técnico en los ministerios y otros organismos del Estado auguran una cultura cautelosa con respecto a la eficiencia del gasto público.

Las voces altisonantes de la oposición, con respecto a los nombramientos del exprocurador Ordoñez y la ex fiscal Vivian Morales en embajadas en el exterior, suenan a tímidos maullidos cuando se les compara con la indignación que ha debido producir el nombramiento, en puestos diplomáticos, por parte de la excanciller Holguín, un mes antes del cambio de gobierno, de más de ocho funcionarios cercanos al círculo de poder del presidente Santos.

La segunda señal positiva del presidente Duque ha sido su posición conciliadora, contraria a la postura polarizadora del gobierno anterior. Su apoyo a la consulta anticorrupción, así haya sido promovida por la oposición, demuestra su carácter estadista.

En lo que no cedió el presidente, pero pocos opositores le reconocen, fue en los nombramientos políticos, razón por la cual necesitará un fuerte apoyo de la población para contrarrestar la presión de los partidos políticos tradicionales en el Congreso.

Si bien el entorno cuenta con señales positivas, muchas de las causas estructurales que están impidiendo que arranque la economía son una herencia del gobierno anterior que no tienen solución fácil.

Su exceso en el gasto y el incremento de la nómina del Estado hacen que, para el gobierno Duque, sea difícil mantener el grado de inversión sin una reforma fiscal estructural que cierre el bache anual de $25 billones que tienen el Presupuesto Nacional. Los empresarios, ante el riesgo de una avalancha de impuestos, están conteniendo sus decisiones de inversión.

Además del desbalance fiscal, preocupa también a los empresarios el probable desmorone de los acuerdos de paz, dado que los principales jefes de la guerrilla volvieron al monte y no se sabe de ellos hace más de dos meses. Un escenario en que el Estado compromete casi $130 billones en los próximos 15 años para el acuerdo de paz solo es sostenible si este desembolso genera algún dividendo para la sociedad. Hoy, ese dividendo está poco claro, y la estabilidad financiera de la Nación, en el mediano plazo, depende de él.

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